Hace unos días pensaba en la maravillosa colección de caracolas del poeta chileno Pablo Neruda, ésta fue donada a la Universidad de Chile y pasó un buen tiempo antes de que se decidieran a ponerla en exhibición. Claro, fue después del paso del poeta por esta tierra.

¿Te has preguntado cómo se forman estas caracolas o conchas de mar, de qué se componen o por qué algunos animales viven en estas hermosas “casitas”? Quizás te has preguntado qué pasa con ellas cuando su huésped ya no la habita. Acá te cuento un poco.

Dentro de la gran diversidad de especies que alberga el océano están los caracoles marinos, moluscos gasterópodos también conocidos como prosobranquios. Son uno de los grupos más antiguos del planeta y se caracterizan por tener el cuerpo blando y flexible, además de una concha generalmente en forma de espiral o cónica.

Prosobranchia», de Ernst Haeckel en Artforms of Nature, 1904

La concha se trata de una pieza dura que está formada de carbonato de calcio, protege el cuerpo y los órganos internos del animal, y tiene una apertura generalmente al lado derecho, ya te contaré por qué. Estas maravillosas obras de arte naturales le sirven a su huésped para protegerse de sus depredadores y tienen espectaculares diseños.

Para dar forma a estas magníficas conchas existe un proceso muy singular llamado torsión, los animales siguen un patrón matemático con reglas simples para construir su hogar, más fuerzas mecánicas que se producen durante el crecimiento de la concha. Esto origina variaciones en los patrones y da distintas formas. Por esta razón existen tantos tipos de gasterópodos, y no necesitan sufrir los mismos cambios genéticos para adquirir ornamentos similares: las leyes de la física hacen la mayor parte de la labor.

El manto del molusco es el encargado de construir la concha, este órgano, delgado y blanco, secreta en la apertura de la concha, capa a capa, una sustancia rica en carbonato de calcio. Tres son las reglas básicas que seguir para formar la espiral que vemos en los caracoles:

  • Expandir: al depositar cada vez más material, el animal crea una apertura un poco mayor en cada iteración, un proceso que tiende a generar un cono a partir de un círculo inicial.
  • Rotar: esto se logra depositando un poco más de material en un lado de la apertura que en el opuesto, con lo que el molusco va generando poco a poco una figura con forma de rosquilla.
  • Retorcer: el animal va girando los puntos donde deposita el material. Si solo tienen lugar la expansión y la rotación, el resultado es una concha en espiral plana, como la de los nautilos. Si agrega la torsión, el resultado es lo que los matemáticos llaman una concha helicoespiral no plana.

Con esta fórmula los caracoles logran un hogar magnífico, pero hay algunas especies que tienen adornos más complejos, como espinas fractales u otras filigranas. Este último resultado se relaciona con el crecimiento de la concha, si ésta no crece a la misma velocidad que el caracol o molusco, se producen deformaciones que se conocen como adornos.

Si el manto del molusco está sometido a brotes de crecimiento, este se desarrolla tan rápido que presenta un exceso de longitud, por lo que puede desalinearse con la apertura de la concha, el manto se doble ligeramente, y el material secretado toma forma curvada. Esto significa que el manto crece más y excede la apertura, lo que amplifica el patrón arqueado y aparecen como ornamentación las espinas, que le dan una característica especial y diferente.

También existen otros adornos que se pueden agregar a las conchas, cuanto mayor sea el ritmo de expansión del molusco en crecimiento, que es la velocidad en que el diámetro de la apertura de la concha aumenta, menos pronunciadas serán sus nervaduras (corrugaciones de las conchas).

Los nautilos, en cambio, no tienen ornamentos en su concha, estas se han mantenido lisas por más de 200 millones de años y se debe a una consecuencia mecánica de una rápida expansión de la apertura. Tal vez han evolucionado más de lo que muestra la morfología de sus conchas, pero al carecer de patrones ornamentales, su evolución ha quedado en gran parte oculta, dado que los paleontólogos usan estas morfologías para diferenciar especies.

El 90 por ciento de los gasterópodos son «diestros»; es decir, construyen sus conchas de manera que se enrollan en el sentido de las agujas del reloj, por eso tienen la abertura generalmente a la derecha. Solo el 10 por ciento lo hace en sentido contrario.

El tamaño y color de las caracolas va a verse condicionado por su entorno, por ejemplo, por la temperatura del agua, la cantidad de luz, entre otros.

Cuando su habitante ya no está, estas hermosas piezas arquitectónicas muchas veces terminan en algún rincón de tu casa, o en un museo donde puedan admirarlas. Pero ten presente, que cuando sus habitantes ya no las usan, no son basura, también son un aporte al ciclo de la naturaleza, por ejemplo:

  • Las conchas que están en la playa son usadas por los pájaros para construir sus nidos, y las que retornar al mar son usadas por otros organismos, como cangrejos ermitaños.
  • Algunos peces las usan como escondite y para poner sus huevos.
  • Con el paso del tiempo, las conchas se destruyen y convierten en nutrientes.

Y así es como las caracolas se transforman en hogares únicos en el que el arquitecto es su propio habitante. Para mí, el misterio de la vida marina sigue siendo deslumbrante.