Por Catalina Velasco Charpentier

Una vez le pregunté a un grupo de 60 adultos que significaba el océano para ellos. La respuesta que más se repitió: “es lo desconocido”, “un misterio”. Y no es de extrañar. Quienes vivimos sobre la superficie terrestre tendemos a darle la espalda al mar y lo vemos como un mundo ajeno, misterioso; incluso pensamos, erróneamente, que no influye en nuestras vidas. Esto es bastante problemático, ya que una ciudadanía que no tiene conciencia de la naturaleza que la rodea, es una ciudadanía que no tiene las herramientas para protegerla. Bajo este contexto, les invito a sumergirnos y conocer sobre un pequeño animal que abunda bajo las frías aguas de la Patagonia, entre intrincados fiordos y canales del extremo sur de Chile…

El langostino de los canales (Munida gregaria) es un pequeño crustáceo decápodo de la familia Munididae. Habita en la zona sur de Sudamérica, en el lado Pacífico y Atlántico, en islas Subantárticas y Nueva Zelanda, en profundidades que van de 5 a 130 metros. Se alimenta principalmente de depósitos superficiales de materia orgánica, macroinfauna y carroña.

Un langostino alimentándose de los restos de un cangrejo araña (Europodius latreillei)

Es una especie polimórfica, es decir, su cuerpo es diferente dependiendo de si vive en la columna de agua o asociado al fondo marino. Munida gregaria, de forma subrugosa, vive durante toda su vida en el fondo marino, mientras que la forma gregaria se desplaza mayormente en la columna de agua. Durante mucho tiempo se pensó que ambas formas pertenecían a especies diferentes, pero gracias a estudios genéticos se descubrió que en realidad son una sola.

 

En cuanto a la reproducción, las hembras acarrean los huevos entre 8-9 meses, y la eclosión ocurre entre octubre y enero. Tal como otros crustáceos, su desarrollo es indirecto, es decir, el huevo eclosiona en una larva que pasará por diversas fases antes de llegar a la etapa adulta. Cada fase larval recibe un nombre particular dependiendo de las características morfológicas. Es así como Munida gregaria pasa por 5 fases de larva Zoea, y luego una fase de larva Megalopa. Finalmente ocurre la metamorfosis a un estado inmaduro post-larval, que se asemeja más al adulto. La post-larva sigue creciendo y mudando hasta alcanzar el tamaño adulto, de unos 7 cm de largo en promedio.

Ejemplo de diversos estados de larva zoea y megalopa. Caso de un cangrejo braquiuro (Rodríguez y Jones, 1993)

Pero ¿qué hace tan relevante a esta especie? El langostino de los canales cumple una función muy similar a la del kril (Euphausia superba) en Antártica, ya que, debido a su abundancia, es el alimento de ballenas, delfines, lobos marinos, aves y peces en Patagonia. Forman agregaciones tan grandes que a veces se puede el océano teñido de rojo. Tan solo en el Estrecho de Magallanes, la biomasa de este langostino ha sido estimada en cerca de 24.500 toneladas, ¡equivalente a una población de 4.569 millones de ellos!

Marea roja de post-larvas de Munida gregaria, playa en Otago, Nueva Zelanda. © Sadie Mills, NIWA

La abundancia del langostino de los canales llega a ser tal, que son un componente muy recurrente en las capturas incidentales de las pesquerías de Patagonia, tanto en el lado argentino como chileno. Para darle un uso a esta pesca incidental, y no descartarla, en varias localidades como Nueva Zelanda, Canal Beagle e incluso en el Estrecho de Magallanes, se ha propuesto su explotación comercial, por lo que se ha reconocido como un recurso pesquero potencial. Se calcula que su pesca en los mares australes podría alcanzar las 12 mil toneladas al año. El destino de esta pesquería sería la preparación de suplementos alimenticios, alimento para peces en cultivos y extracción de ácidos grasos, entre otros.

A pesar del potencial económico, su mayor relevancia recae en su rol como presa para grandes mamíferos, y como consumidor de carroña. Si el langostino de los canales desapareciera, se perdería un componente clave de las tramas tróficas de Patagonia. Así, una vez más vemos lo increíble de cómo el equilibrio de la naturaleza depende de especies tan pequeñas y, para muchos, desconocidas.

No debemos olvidar que el éxito de estas poblaciones depende de nosotros más de lo que creemos. Si no cuidamos nuestros recursos y si el océano se sigue acidificando debido a nuestras emisiones de CO2, podrían presentarse consecuencias catastróficas para la sostenibilidad de esta especie. Son innumerables los estudios que dan cuenta de que la disminución del pH oceánico causa mortalidad, malformaciones e inviabilidad de las larvas de distintos crustáceos y moluscos en el océano.

Afortunadamente, no todo está perdido. Todos podemos ser embajadores de la biodiversidad marina y aportar a su protección. El primer paso es conocer a estos organismos y comprender la relevancia que juegan para la salud del ecosistema, también debemos cambiar nuestros hábitos y ser consumidores responsables, más amigables con la naturaleza que nos rodea. Finalmente, nos queda correr la voz para que cada vez seamos más quienes demos vuelta la vista hacia el mar.

Fuentes:

Häussermann, V., & Försterra, G. (eds.) (2009). Marine Benthic Fauna of Chilean Patagonia. Santiago, Nature in Focus, 1000 pp.

Varisco, M., & Vinuesa, J. (2014). Revista de Biología Marina y Oceanografía 42(3): 221-229.

Varisco, M., Vinuesa, J. H., & Góngora, M. (2015). Revista de biología marina y oceanografía, 50(2), 249-259.

Munida gregaria, el krill de la Patagonia

La munida tiene dos formas distintas dependiendo de dónde vive