Tengo la suerte de haber visto tortugas marinas en su hábitat en Galápagos, fue una experiencia que jamás olvidaré. Yo miraba a una un par de metros bajo el agua mientras algunos más imprudentes se le acercaban lo que más pudieran, la tortuga me miró y se acercó a mí, cara a cara como reconociendo y agradeciendo el espacio que le estaba dando. Ya me estaba quedando sin aire así que subí a la superficie para respirar, la tortuga me siguió en cada centímetro durante el ascenso hasta quedar ambos mirándonos directo a los ojos en la superficie. No sé cuánto duró ese intercambio, pero está atesorado como uno de los momentos más bonitos de mi vida. Cuando me enteré de que esas tortugas migran desde el archipiélago de las Galápagos hasta las aguas chilenas y que hay una organización dedicada a su protección, quise conocer de inmediato más al respecto.

Contactamos a Carol Medrano, directora de la ONG Qarapara (tortuga en quechua), organización que nace el 2012 con el objetivo de investigar y educar respecto a las tortugas marinas de Bahía Chascos, en la Región de Atacama, al norte de Chile. Como denominador común en muchas iniciativas, esta nace para proteger una zona de los megaproyectos industriales.

Por esa época, no había muchas investigaciones de esa agregación de tortugas verdes (Chelonia mydas) en particular, por lo que Qarapara se creó con el fin de establecer bases científicas con las que pudieran protegerse. Además, en esos años la gente se movilizaba contra la amenaza industrial latente. “En esos años querían instalar la termoeléctrica Castilla, y nos dimos cuenta de que mucha gente interesada en la protección del lugar se unió en contra de este proyecto. Así, pudimos observar que el poder de la difusión ambiental es muy relevante”, recuerda Carol.

Desde su inicio, la organización se orienta con fuerza a la educación ambiental, trabajando en diversas regiones del país y con comunidades locales de diversos rubros y edades, desde pescadores artesanales, para enseñarles a liberar a los ejemplares que quedaran atrapados en redes, hasta estudiantes escolares y la ciudadanía en general en distintos tipos de charlas y ferias. Esto sumado a la constante investigación de tortugas verdes en terreno.

EMBLEMAS DE CONSERVACIÓN

La lucha por la conservación de Bahía Chascos y su gran biodiversidad tienen como principal referente a las tortugas marinas. “Hace unos 5 años quiso ponerse otro proyecto en el lugar, un terminal marítimo de extracción de gas natural llamado Andes LNG, ahí el contacto con la gente de Atacama fue muy marcado y estos animalitos se posicionaron como emblema de protección por su gran carisma. En conjunto a otras organizaciones, se llevaron a cabo diversas actividades para mostrar la riqueza del lugar, lo que marcó un precedente súper importante en nuestro contacto con la gente a nivel local”.

Uno de los principales problemas que sondearon en este contacto con los habitantes de Copiapó, es que muchas personas no sabían que la ciudad tiene costa, y Bahía Chascos está justamente en el límite entre este municipio y el de Caldera. Lo que también identificaron fue un colapso de la ciudadanía ante la injusticia de vivir en una zona que se ve sometida constantemente a sacrificios ambientales, “ha tomado mucha fuerza traducir este descontento en acción, esta zona está contaminada de cordillera a mar, minería, relaves y termoeléctricas. La gente está aburrida también de la centralización y que las ganancias de esta zona se van al centro de Chile”, enfatiza la directora de la ONG.

Dentro de las distintas líneas de acción de Qarapara, siempre está el eje principal que es hablar de la existencia de tortugas marinas en Chile. Al igual que en mi caso, mucha gente no se imagina que hay una presencia importante en esta parte del mundo. Según Carol, “la gente no se imagina que hay tortugas acá porque las aguas son heladas y siempre se cree que son de aguas más cálidas. Una de las cosas importantes de que ellas habiten acá y, por ende, de su protección, es que al ser una especie carismática funcionan como especie paraguas: las personas tienden a querer protegerlas y, con su protección, también proteges todo el ecosistema que las rodea. La intención al final es proteger un lugar muy rico en biodiversidad”.

De momento, la zona sigue en alerta. Si bien Castilla se rechazó en gran parte por los movimientos sociales, puesto que fue mucha la gente que se alzó en contra, y en la actualidad Andes LNG está frenado ya que se les negó la concesión marítima, el 2020 otro megaproyecto postuló al servicio de evaluación ambiental, “se trata de un mega puerto en Copiapó, el cual en una primera instancia fue rechazado ya que no consideraba el medio humano. Posteriormente, este fue incorporado y el Estudio de Impacto Ambiental se sometió, hasta el 10 de marzo del 2021, a participación ciudadana”. Resulta increíble que en Chile haya que estar pendientes todos los días de inminentes amenazas ambientales en pro del “desarrollo”.

PASIÓN POR LAS TORTUGAS

Las especies que están en esta zona del Pacífico vienen a Chile por ser un área de alimentación, por lo cual proteger la zona es de especial preocupación, ya que las tortugas marinas pasan casi un 90% de su tiempo alimentándose. Esto se replica en las 5 especies que hay en Chile: la tortuga Carey, que habita principalmente en Rapa Nui; las tortugas olivácea y cabezona, que habitan hasta la región de Valparaíso; la tortuga Laúd, que llega a medir hasta 2,20 ms en adultez y que por su piel gruesa puede habitar incluso en el frío de Groenlandia; y la tortuga verde, que se agrega cerca de las costas, siendo Bahía Chascos la zona más austral del Pacífico oriental donde se juntan para alimentarse.

Si bien hay registros de tortugas verde incluso hasta Isla Desolación en Tierra del Fuego, Carol nos explica que esto se trata de eventos de varamiento, y que pueden deberse a que entran en un estado de pseudo hibernación denominado brumación, “ellas bajan su metabolismo y se dejan llevar por la corriente. Terminan varando porque no comen mucho en ese período y se enferman”.

Carol siempre tuvo un interés por protegerlas, “yo ingresé a la ONG un año después que se creó, a los 19 años. La verdad es que siempre me gustaron las tortugas marinas, pero no sabía que había organizaciones trabajando con ellas acá, por lo que pensaba ir a hacer una pasantía en otros países y fue una cosa súper loca, porque en ese tiempo justo empecé a hablar con una niña que también es bióloga marina y yo le conté que me gustaban las tortugas”. Ahí le comentó que había un ONG dedicada a su estudio y protección que tenía postulaciones justo en ese momento. “Postulé y quedé, y desde ahí fue un camino sin retorno”.

Ella destaca mucho la nobleza del proyecto, donde todas las personas que integran la organización están en sincronía, llena de entusiasmo comenta que “Qarapara es como un hijo, yo lo cuido y lo protejo mucho, es una de las cosas más importantes en mi vida desde el momento que ingresé a la organización. De a poco me enamoro más y más de la misión que tiene, porque sé que es un fin bueno, independiente de si hay megaproyectos involucrados, que no sabemos qué pasará si se aprueban. La existencia de Qarapara es importante para visibilizar la presencia de tortugas en Chile. Hace un tiempo hicimos una encuesta a unas mil personas, casi el 80% señalaba que no sabía que había tortugas en Chile. Ver la reacción de la gente al hablar de tortugas marinas es algo muy bonito y ojalá se cree una cadena que nos lleva a conservarlas de verdad, que la gente se movilice y se empodere, que pelee por proteger ciertos sitios”. Escuchándola dan ganas de salir a luchar.

PRINCIPALES INVESTIGACIONES

Algo que ha sido trascendental para Qarapara es hacer un seguimiento a las capturas y el crecimiento que han tenido los animales, “hemos tenido individuos que hemos visto con un margen de 7 u 8 años, lo que te dice que hay consistencia en la residencia en el mismo lugar y que si está ahí es porque el lugar es bueno para ellas, han llegado nuevos individuos y eso le da más fuerza al lugar, porque te dice que es un sitio sano, donde se alimentan bien, están en súper buen estado corporal, están en la mejor condición de todo el Pacífico Oriental”, afirma Carol.

También realizan estudios de morfometría geométrica, en lo que colabora Rocío Álvarez, una de las fundadoras de la ONG, lo cual ha permitido ver cómo han variado los distintos morfotipos de la misma especie en diferentes lugares. También han podido averiguar que vienen desde Galápagos por estudios de genética, o sea que viajan más de 5 mil kilómetros solo para alimentarse acá. Saber que quizás la misma tortuga que vi en Ecuador y con la que tuve la bella experiencia podría estar acá en Chile, me llenó el corazón con una alegría especial.

La organización también realiza análisis de concentración de metales pesados en la sangre de las tortugas marinas. Carol nos comenta que “llegamos a saber que tienen un alto nivel de concentración de metales pesados, principalmente cobre y plomo, asociados a relaves mineros o tránsito de embarcaciones. De hecho, tienen una de las concentraciones más altas para todo el mundo y para todas las especies de tortugas”.

Destaca además el análisis de bacterias patógenas en la cloaca de las tortugas, seguimiento de macrofauna bentónica (aquella que vive asociada al fondo marino) y estudios de isótopos estables, este último, para saber qué están comiendo las tortugas. Uno de los resultados es que se alimentan tanto del huiro gigante (Marocystis pyrifera) como de un pasto marino que, en Chile, solo está en tres lugares, y en Bahía Chascos se encuentra la pradera más grande.

Además, un estudio muy importante para el seguimiento de individuos es la instalación de microchips y TAGs, junto a la foto identificación. Respecto a esto último, nos menciona que “las tortugas tienen escamas en la cara, la forma de esos escudos es única de cada individuo, es su huella digital. La fotografía se mete en un programa para comparar las intersecciones de los escudos y te dice qué individuo es. Si vara una tortuga o migra a Galápagos para reproducirse, podemos saberlo con el uso de esta herramienta”. Considerando que las tortugas vuelven al sitio donde nacieron para poner sus huevos, resulta particularmente conmovedor saber si el ejemplar que vieron en Chile ha llegado sanamente a seguir con su ciclo de vida.

Las tortugas marinas pueden llegar a vivir cerca de 80 años, una longevidad que trae consigo peripecias y misterios que apasionan a Carol, “todo me fascina de ellas, pero creo que una de las cosas que más me impresiona es su resiliencia. He visto algunas sobrevivir con dos aletas o sin una porción de su caparazón, mordidas por tiburones y ahí están nadando.”

Desde que están enterradas en la arena esperando nacer, las curiosidades de esta especie no paran, la temperatura de la arena determinará si son machos o hembras. Considerando aquello, ella nos advierte que “evidentemente con el calentamiento global las arenas son más cálidas y salen más hembras, esto no es una buena proporción para fines reproductivos”.

Se nota, y lo dice también, que Carol podría estar todo el día hablando de tortugas, pero uno de los datos que más me intrigó fue que al nacer, se dirigen a la luz (sea del sol o la luna) e ingresan al agua, nadan sin parar durante 16 horas en lo que se llama frenesí natatorio y comienzan su vida. Desde entonces, “hay un período del que no se conoce mucho dentro de su ciclo vital, se conoce como Los años perdidos y dura unos 10 años”.

Si bien la tecnología ha permitido ir conociendo un poco más, el misterio que sigue rodeando a las tortugas marinas durante esos años me cautivó particularmente, no logro sacar de mi cabeza cómo un animal tan pequeñito en base a instinto llega a convertirse en un enorme dinosaurio, del cual tengo la suerte de conservar la imagen de sus ojitos mirándome directamente, como pidiendo no solo ser entendido, sino que respetado y cuidado. Si esa historia no era suficiente, esta conversación con Carol me llenó de energía para aportar en la conservación de estas maravillosas especies.