La mala suerte y el mal clima han frustrado en más de una ocasión mis planes de conocer el parque Francisco Coloane, primer parque marino estatal de Chile, ubicado en la Región de Magallanes y que alberga año a año una gran congregación de ballenas jorobadas y otros mamíferos marinos. En una de estas experiencias fallidas conocí a Whalesound, una organización de investigación y turismo responsable fundada por un grupo de biólogos amigos. Primero me interesó el enfoque que le daban a las visitas, pero entrevistar a uno de sus fundadores y averiguar un poco más de su historia ligada a la conservación hizo que crecieran incluso más mis ganas de conocer ese lugar que me ha sido tan esquivo.

Nos pusimos en contacto con Juan Capella, biólogo de la Universidad de Chile y que lleva más de 25 años estudiando ballenas jorobadas tanto en Chile como en Colombia. Está en Whalesound desde sus inicios y a lo largo de estos años ha realizado numerosas publicaciones científicas y divulgativas, además de ser el coordinador de la Fundación Yubarta, de Cali. Durante su carrera, Juan centró sus investigaciones en la ecología, comportamiento y estructura social de mamíferos marinos.

“Yo vengo trabajando con ballenas jorobadas desde los años noventa. Con los colegas que fundamos esto venimos trabajando juntos desde los años ochenta, cuando todavía estudiábamos en la universidad. Estábamos interesados en mamíferos y aves marinas.”, recuerda Juan una época en donde descubrieron y comenzaron a estudiar lo que posteriormente se conoció como la Reserva Pingüino de Humboldt, en años donde con suerte había camino para llegar a la caleta y la fauna se encontraba muy poco intervenida.

Estuvieron investigando la zona hasta que por temas de trabajo y estudio tuvieron que enfocarse en Magallanes. “Empecé a viajar también a Colombia estudiando las ballenas jorobadas, llevábamos años buscando acá en Chile, pero no se conocían lugares con presencia activa de estas especies, así que estuve como 6 años estudiándolas allá.”, recuerda Juan, pero las ganas de encontrar un lugar en Chile siempre estuvieron ahí. Había datos de gente que navegando en los años 70 y 80 había avistado ballenas, pero no daban con un sitio preciso.

  • Perseverar hasta encontrar

La determinación de Juan y sus colegas Jorge Gibbons, Carlos Valladares y Yerko Vilina, iba a comenzar a tener frutos en la segunda mitad de la década. “Comenzamos a viajar mensualmente por todos los fiordos de Magallanes, aprovechando los cruceros que hacían estudios de marea roja en la región. Estábamos una o dos semanas haciendo avistamiento, y así estuvimos dos años. Logramos acumular una buena cantidad de éxito en algunos de los canales patagónicos, pero principalmente en los alrededores de la Isla Carlos III.”

Desde el año 1999 enfocaron sus investigaciones ahí donde se concentraba más del 50% de los avistamientos, recopilaron información por cuatro años para presentársela al Gobierno de Chile. Fue entonces que se crea ahí el Parque Marino Francisco Coloane el año 2003 y posteriormente el área marina costera protegida el año 2004. Este dictamen se basó principalmente en la información que habían logrado recopilar tanto de ballenas, como de lobos marinos y pingüinos que habitan la zona.

Estos estudios le vinieron como anillo al dedo a Chile, ya que en ese tiempo estaba recibiendo mucha presión internacional, por ser de los pocos países que no tenía áreas marinas protegidas, a pesar del vasto territorio costero y oceánico. A esto se suma que la zona investigada contaba con especies que representan una importancia mundial en términos de conservación y que se encuentran bajo amenaza. El área además significaba pocos problemas, era propiedad del Estado, no había conflictos con pesquería ni asentamientos humanos.

Juan Capella reflexiona respecto al estado de protección de este lugar, “hasta hoy es un área protegida en el papel, porque no tiene guardaparques, no tiene una administración real, no hay vigilancia de las entidades que se suponen que deben controlar, vigilar y administrar. Esta zona está protegida por su lejanía”.

  • Turismo y conservación

Whalesound lleva más de 20 años luchando permanentemente con propuestas para mejorar el estado del sitio donde se instala el centro de investigación y ecoturismo. Toda el área académica se realiza en asociación con investigadores de la Universidad de Magallanes, Universidad de Chile y Universidad Santo Tomás, además de la colaboración con organizaciones extranjeras.

«Desde un comienzo teníamos la idea que esto fuera de mínimo impacto, porque además es una iniciativa que nació como investigación para lograr la conservación de especies en peligro o amenazadas. Nunca fue el interés de los fundadores impactar el lugar, siempre buscamos la forma de hacer nulo impacto.”

En esta línea, tanto la estructura del campamento que está montada sobre pilotes no daña la vegetación, la energía que se consigue, la deposición de las aguas y de la basura sólida sale del lugar, es tratada para luego ser retirada, para no impactar de manera negativa en los ecosistemas locales.

Pero esto no siempre fue así, la investigación que realizaban en la zona era difícil de sostener económicamente, por lo retirado que está, llegar allá y permanecer unos días les resultaba muy costoso. Juan nos relata que en un inicio “lo que hacíamos era ir en un botecito y nos quedábamos en él tapados con unos plásticos, pero eso era poco viable y muy incómodo. Además, a medida que incorporamos nuevas tecnologías, necesitábamos dónde cargar equipos y un lugar seco donde trabajar”.

Lo primero que instalaron fue un campamento que consistía en un par de plataformas de maderas montadas sobre pilotes y ahí instalaban una carpa donde poder descansar. Pero mantener esa estructura implicaba tener a alguien que la pudiera cuidar durante el resto del año para que no la robaban y eso aumentaba los costos.

“Entonces surge la idea que el turismo podría financiar los movimientos de la embarcación y los gastos de la estructura en la isla”, según comenta Capella, quien recuerda el inicio de este proceso como algo muy paulatino, donde a poco se fueron agregando nuevas comodidades para hacer la experiencia más atractiva.

Todo esto se lleva a cabo en simultáneo con la investigación, por lo que los turistas que asisten pueden ver de primera fuente los estudios que el equipo de Whalesound realiza, con un sobrecogedor paisaje de fondo, lleno de vida. Además, en cada instancia, se aprovecha de concientizar a los asistentes respecto a las principales amenazas de estas especies en la zona, cuyas poblaciones ha ido disminuyendo en los últimos años. “No sabemos a qué atribuirlo, puede ser por el aumento de viajes diarios a la zona de embarcaciones muy rápidas que generan un impacto negativo al provocar más ruido y sin respetar estrictamente los protocolos de seguimiento”.

También los efectos del cambio climático se han dejado sentir en la zona, de acuerdo con Juan, “hay inviernos mucho más cortos, veranos más cálidos, cambios de precipitación y su efecto en ríos y glaciares, todo eso puede afectar los sistemas de circulación de corrientes. Esto significa que hay menos alimento, principalmente krill y sardinas.» A esto se suman las colisiones con embarcaciones en zonas cercanas al parque marino.

  • Aportes e interrogantes

«Como toda ciencia es muy acumulativa, comienza por descubrimientos simples y a partir de ellos, de nueva tecnología y asociación con otros lugares se van respondiendo preguntas más complejas y al mismo tiempo surgen interrogantes nuevas”, nos comenta Juan. Teniendo eso en cuenta, uno de los principales aportes científicos de Whalesound fue haber descubierto el primer lugar de alimentación de ballenas jorobadas fuera de la Antártica en el hemisferio sur, ya que posterior a este hallazgo, se han logrado identificar otras zonas, particularmente en Chile, como son el Golfo de Corcovado, la Reserva Pingüino de Humdoldt o Canal Beagle, contribuyendo en el interés científico y de conservación en más zonas del país.

A la fecha, la iniciativa ha logrado registrar un total de 199 ballenas que visitan el parque desde comienzos de la primavera hasta fines del verano, teniendo su punto más alto a finales de febrero.

Dentro de la línea de investigación de Capella, reconoce que hay muchas preguntas todavía sin resolver y áreas de investigación por profundizar para la conservación de los cetáceos. “El ruido, por ejemplo, o preguntas que tienen que ver con el desarrollo cognitivo del animal, donde se avanza a paso muy lento por la dificultad que implica llevar a cabo este tipo de estudios”.

Es evidente el interés que le generan estos temas, Juan destaca que, a diferencia de la mayoría de los mamíferos, las ballenas no tienen un estancamiento en la capacidad de aprender al envejecer. “Esto lo podemos ver en los sonidos que emiten, unos de los más complejos del mundo animal, los individuos de todas las edades van modificando y cambiando su canto cada año, en una sucesión de casi 15 minutos. Algunos son individuos que hemos seguido por 20 años, otros son jóvenes de 2 o 3 años y cada año siguen inventando nuevas composiciones y memorizando nuevas canciones”.

También son muchas las interrogantes que surgen cuando se analiza el comportamiento de estas ballenas en relación con otras especies ¿Por qué no atacan, pudiendo hacerlo, incluso en situaciones de defensa?, en esa línea Juan reflexiona que “el coletazo de una ballena podría perfectamente matar a una orca y no lo hacen, siendo que son atacadas por ellas, tal vez son conscientes de su potencia.

  • Interés mundial por la conservación

El escenario de confinamiento del 2020 ha permitido que muchos lugares tengan un respiro de la mano humana y con ello la flora y fauna que los habita. Muchas son las personas optimistas que afirman que este período ha servido para reconectar con la naturaleza y valorar el mundo en que convivimos, pareciera haber un interés por la conservación que va creciendo con el tiempo.

Juan concuerda con esto, “los científicos, divulgadores y documentalistas vienen hace décadas mostrando distintas facetas de la vida natural que la gran mayoría de la gente no conocía, llamando la atención con situaciones y comportamientos del mundo salvaje. A esto se suman los estudios desarrollados desde el mundo científico que entregan información dura sobre la trágica situación a la que hemos llevado a muchas poblaciones, bordeando la extinción en muchos casos.”

La combinación de estos dos frentes ha tocado fibras en muchas personas, haciendo que crezca el interés por visitar y estar en los lugares donde está este tipo de flora y fauna, sumado a un aumento en la predictibilidad y el apoyo de nuevas tecnologías.

Para Juan la conservación es un motor diario, “independiente si es o no mi país, me da pena ver cuando se destruye la naturaleza, cuando se contamina, siento como si me atacaran a mí directamente, porque lo considero clave en la supervivencia de la humanidad. A mí me gustaría que las generaciones que están por venir tengan las mismas oportunidades que tuve yo de conocer distintas especies y ecosistemas.”

Fueron años de constancia que le tomó al equipo de Whalesound poder identificar y localizar a las ballenas jorobadas que tanto venían buscando hasta finalmente dar con ellas. Esto me llena de optimismo, y no paro de pensar que la próxima vez que planifique un viaje a la reserva marina, el viento estará de mi lado y podré contemplar en primera persona las maravillas de este remoto lugar que hoy sé que fue descubierto por un grupo de amigos, su constancia, osadía y espíritu aventurero, además de ser ellos mismos quienes siguen investigándolo y protegiéndolo.