Todos los viernes, en Twitter se celebra a las rayas (batoideos) con el hashtag #FlatSharkFriday, un espacio para mostrar un poco de la biología y diversidad de este grupo de peces cartilaginosos. Pero este título esconde un problema con estas especies: tradicionalmente se les ha considerado como “el primo aburrido” de los tiburones. En este artículo, pretendemos celebrar a las rayas como los animales fantásticos e interesantes que son, independiente de sus lazos familiares con los sobrerrepresentados tiburones. Oh, la polémica comienza.

Antes de profundizar, tendríamos que preguntarnos qué tan similares son las rayas con los tiburones, ¿de dónde nace el término “flatshark” (tiburón plano en inglés)? Efectivamente, comparten muchas características, partiendo por el hecho de que ambos son condrictios (esto es, peces con un esqueleto de cartílago superficialmente calcificado), y juntos forman la subclase de los elasmobranquios; la otra subclase dentro de los peces cartilaginosos es Holocephali, las quimeras, de las cuales hablaremos en otra instancia.

Otras similitudes anatómicas, como la estructura del cráneo, la presencia de claspers (órganos sexuales de los machos), dentículos dérmicos, dientes reemplazados en serie, hendiduras branquiales, etc., dan para pensar que las rayas son, simplemente, tiburones que se toparon con una aplanadora, pero hay más en esta historia.

Primero, aclaremos que en todo el mundo existen muchas más rayas que tiburones: se conocen más de 650 especies de rayas, en contraste con las cerca de 530 especies de tiburones actualmente descritas. ¿Quizá el término “rayas salchicha” debería cobrar popularidad para hablar sobre los tiburones? Por otro lado, todos los batoideos comparten un conjunto de características morfológicas que los separan de los tiburones: hendiduras branquiales en el vientre (vs. en los costados en el caso de los tiburones), aletas pectorales fusionadas a la cabeza, cuerpo en general “aplastado”, una serie de vértebras cervicales fusionadas (lo que se conoce como cartílago sinarcual) y la falta de una articulación entre el cráneo y la mandíbula superior (suspensión mandibular euhiostílica –¿a quién no le gustan los términos científicos?). Estas características son las que nos permiten decir, por ejemplo, que los tiburones ángel (Squatinidae) son en verdad tiburones, a pesar de que tengan “pinta de raya”.

Adicionalmente, la evidencia fósil y molecular nos indica que los linajes de rayas y tiburones divergieron a mediados del Pérmico, y así las rayas han evolucionado de forma independiente a los tiburones ¡por cerca de 270 millones de años!

En su travesía evolutiva, las rayas se han diversificado en 4 principales grupos (órdenes) vivientes:

I. Rajiformes: Son el grupo más numeroso dentro de las rayas, con cerca de 300 especies. En general, cuentan con abundantes espinas en el dorso y cola (nada amigables con investigadores poco precavidos), un rostro más o menos rígido y, a diferencia de todas las otras rayas que son vivíparas aplacentarias (“ovovivíparas”; el “huevo” se desarrolla dentro de la madre, que después da luz a crías vivas), los rajiformes ponen huevos (o técnicamente, cápsulas ovígeras). Habitan el fondo marino (es decir, son organismos bentónicos), y una adaptación a este estilo de vida se encuentra en sus aletas pélvicas, que cuentan con un lóbulo adicional que les permite “caminar” en el sustrato.

II. Torpediniformes. El grupo de las rayas eléctricas, nombradas así por su capacidad de generar descargas eléctricas para aturdir a sus presas y defenderse de depredadores. ¡Las más grandes pueden producir descargas de hasta 200 voltios!

III, Rhinopristiformes. Este grupo de “rayas con forma de tiburón” incluye a los peces guitarra, peces sierra y otras especies similares. En este orden se encuentran algunas de las familias más amenazadas de peces marinos, principalmente por la sobrepesca y la degradación de hábitat.

IV. Myliobatiformes. Aquí encontramos a las pastinacas, rayas de agua dulce (¡sí, hay rayas que viven en agua dulce!), rayas águila y mantarrayas, entre otras. La mayoría de estas especies tiene un aguijón venenoso en su cola. Aprovechamos esta instancia para recordar que “raya” y “mantarraya” no significan lo mismo: una raya es cualquier miembro del clado Batoidea, mientras que “mantarraya” refiere a un par de especies dentro del género Mobula, que se caracterizan por su gran tamaño y la presencia de lóbulos cefálicos (apéndices que ayudan en la alimentación).

Esquema de la clasificación general de batoideos, con representantes chilenos de cada orden: Sympterygia lima en Rajiformes, Discopyge tschudii en Torpediniformes, Pseudobatos planiceps en Rhinopristiformes, y Myliobatis chilensis en Myliobatiformes. © Ignacio Contreras.

Como la mayoría de los tiburones, casi todas las rayas son mesodepredadores, organismos “en el medio” de las redes tróficas. Algunas especies se alimentan de zooplancton por filtración, otras se especializan en invertebrados con conchas o caparazones, y otras prefieren presas algo más grandes, como peces (óseos y cartilaginosos) o cefalópodos.

A su vez, las rayas son consumidas por animales más grandes, incluyendo peces óseos, tiburones y mamíferos marinos. Cabe destacar que, además de su papel en las redes tróficas, las rayas cumplen una importante función en el ciclo de nutrientes del fondo marino, en un fenómeno conocido como bioturbación: al excavar o esconderse en la arena, estos organismos alteran el sedimento, provocando cambios en la estructura comunitaria y la productividad de los ecosistemas. Este proceso, y en general la importancia ecológica de los batoideos, ha sido poco estudiado (para ver un resumen sobre esto, les recomendamos el excelente artículo de Flowers et al. 20201.

Tembladera en Concepción. © Paula González Valderrama.
  • ¿Y en Chile hay rayas?

Por supuesto que sí. En todo nuestro territorio contamos con cerca de 40 especies, representando a cada uno de los 4 órdenes de los que hablamos un par de párrafos atrás. Cerca de la costa es común encontrarse con especies pequeñas, como las rayas pequén (Psammobatis spp.), rayas costeras (Sympterygia spp.) y tembladeras (Discopyge tschudii), aunque ocasionalmente se ven algunas más grandes como las rayas águila (Myliobatis spp.) o la raya volantín (Dipturus chilensis).

En el litoral nortino también podemos observar al pez guitarra (Pseudobatos planiceps), e incluso hay registros de rayas diablo (Mobula spp.) entre Tarapacá y Caldera. Mar adentro es el hábitat de la raya pelágica (Pteroplatytrygon violacea), de amplia distribución mundial. En aguas profundas abundan las especies del género Bathyraja, por ejemplo la raya austral (B. griseocauda), junto con otras como la raya de hondura (Amblyraja frerichsi) o la raya abisal (Gurgesiella furvescens).

Raya águila chilena, un macho juvenil. En Chile también encontramos a la raya águila peruana, Myliobatis peruvianus. © Ignacio Contreras.

Ni siquiera es necesario bucear o embarcarse en una nave de pesca para observar rayas en Chile: si miran detenidamente entre las algas que bota el oleaje en las playas, probablemente puedan encontrar huevos de algunas de las especies más litorales de nuestro país, como las del género Sympterygia. Si aún se encontraran los embriones vivos en estos huevos (se pueden revisar a contraluz), la mejor opción sería contactar a organizaciones como Segunda Ola (@segunda_ola en Instagram) para que se hagan cargo; si sólo se devuelven al mar, al no tener sujeción a nada lo más probable es que varen nuevamente.

Huevos de Sympterygia brevicaudata varados en una playa cerca de Tomé. © Leonardo Mondaca Lara.

Como quizá intuían, en Chile no sólo hay rayas, sino que también se pescan rayas. Muchas especies aparecen como fauna acompañante en pesquerías de arrastre de crustáceos de profundidad, en la pesquería del bacalao de profundidad, en redes costeras y en espineles pelágicos, y son casi siempre descartadas al mar, muchas veces ya sin vida.

En el país se consume muy poco a las rayas, aunque a veces se puede encontrar raya águila a la venta en caletas, ferias y mercados en la zona Centro-Norte. Sin embargo, por lejos la especie que más se captura de forma dirigida es la raya volantín para abastecer el mercado asiático, principalmente de Corea del Sur, junto con la raya espinosa (Dipturus trachydermus). Tanto la flota artesanal como la industrial han participado de esta actividad, que se concentra en el sur, pero que ocurre desde Coquimbo a Punta Arenas.

Esta especie se ha explotado en tal cantidad, que se han tenido que decretar vedas para intentar recuperar sus poblaciones, y a 2017 la SUBPESCA la consideraba como “Sobreexplotada”. Aun así, el 2019 se desembarcaron 499 toneladas de esta especie, y 62 toneladas de raya espinosa; bastante para un condrictio, pero lejos de las más de 5.000 toneladas que se desembarcaron, por ejemplo, en 20032

. Cabe destacar que la raya volantín es endémica de Chile3– si desaparece de nuestro país, desaparece en todo el mundo.

Raya volantín a la venta en Caleta Portales. © Ignacio Contreras.

Esperamos que este artículo haya servido para que conocieran un poco más sobre el fascinante grupo de las rayas, y que desde ahora se les reconozca su valor intrínseco como especies únicas e importantes para el ecosistema. Son más que “tiburones planos” o “tiburones panqueque”. Pero al igual que los tiburones, muchas especies necesitan protección… y el primer paso para la protección es el conocimiento.

  1. DOI: 10.1111/faf.12508
  2. Información disponible en los Anuarios Estadísticos de Sernapesca
  3. DOI: 10.11646/zootaxa.4590.5.1