Alejandra Mora Soto es geógrafa de la Universidad de Chile, Doctora en Geografía y Medioambiente de la Universidad de Oxford y actual Investigadora Postdoctoral de la Universidad de Victoria, en Canadá. Llegó a geografía por casualidad y le encantó cuando descubrió que la carrera integraba disciplinas medioambientales y de las ciencias sociales, ideal para una persona tan multifacética como ella. La investigación de Ale es pionera y ha sido ampliamente visibilizada en la prensa, siendo la autora del primer mapa mundial de bosques submarinos, el cual se basó en estudios de terreno e imágenes satelitales. Recientemente, Alejandra publicó un nuevo estudio en el que se compararon las anotaciones de Darwin con datos actuales de más 300 bosques de algas en Patagonia, Malvinas e islas Georgias del Sur dando cuenta de que seguían en su gran mayoría en los mismos lugares y con la misma extensión que hace casi 200 años.

  • Bosques submarinos desde el espacio

Ale, estudiaste geografía y ahora trabajas con biólogas y biólogos marinos, ¿en qué momento llegaron los bosques de algas a tu vida?

Un día leí “El Viaje del Beagle” de Charles Darwin y me encontré con una parte donde él cuenta que los bosques de huiros gigantes de Tierra del Fuego son tan importantes y llenos de vida como los bosques tropicales. Esa frase me pareció alucinante; nunca había oído sobre estos bosques, pero había visto grandes huirales a orillas del Estrecho de Magallanes. Al cabo de un tiempo me di cuenta de que esos huiros se podían detectar con imágenes satelitales, así que planteé una investigación dedicada a mapear este ecosistema casi desconocido.

Una de las publicaciones de tu doctorado fue ni más ni menos que el primer mapa mundial de bosques de algas, lo que por supuesto dio mucho de que hablar ¿Era una deuda que tenía la ciencia con estos importantísimos ecosistemas costeros?

Totalmente. Los biólogos marinos, por supuesto, han trabajado con bosques de macroalgas por décadas, pero al ponerlos en el mapa se visibilizan y entran al imaginario geográfico de la población, lo cual también abre nuevos caminos a las ciencias en plural. Estos bosques bordean las costas, y las costas son ambientes tremendamente dinámicos donde pasan muchas cosas a diversas escalas. ¡Hay mucho que todavía podemos investigar y aportar para la conservación de estos bosques!

En ese mismo estudio publicaste el mapa de Sudamérica al revés, con el sur apuntando hacia arriba, ¿Cuál es el mensaje detrás de eso?

Con la investigación del mapa en alta resolución, quedó claro que la mayor extensión de bosques de huiros se ubica en las costas sub-Antárticas, con la excepción de los bosques que se distribuyen en el borde pacífico de Norteamérica. Al orientar los mapas al sur, quería resaltar esa conectividad sureña, pero también el hecho de que en el hemisferio sur existe una predominancia del océano por sobre los continentes. Como el océano todavía es tan desconocido, tan inexplorado, y con reglas físicas tan distintas a las de tierra firme, me parece que merece ser priorizado en importancia, y eso lo reflejé simbólicamente con los mapas.

Mapa confeccionado por Alejandra para el paper “A high-resolution global map of giant kelp (Macrocystis pyrifera) forests and intertidal green algae (Ulvophyceae) with Sentinel-2 imagery”

Tu última publicación demostró que los bosques submarinos de Patagonia se han mantenido igual a como los visitó Darwin hace casi 200 años atrás, ¿Es una buena noticia considerando el último reporte de cambio climático del IPCC?

¡De todas maneras! Mientras que en el resto del mundo los bosques de macroalgas han estado cada vez más estresados, y en algunos casos hasta desapareciendo por el aumento de temperatura del mar, que los bosques sub-Antárticos se encuentren en su gran mayoría en los mismos sitios habla de cambios que no han sido tan severos… todavía. Este es un dato para considerar que estamos frente a un tesoro natural de categoría mundial que requiere una urgente protección.

¿Cómo logramos esa protección?

El Estado de Chile tiene en estos momentos la oportunidad única de ser el primer país del mundo que se comprometa a proteger sus bosques de algas. Esto se puede hacer de manera práctica a través de la creación de Áreas Marinas Protegidas, y reforzar con las comunidades el cuidado de este recurso en las áreas de manejo. También se puede prohibir la exportación de los huiros, los cuales en muchos lugares son barreteados desde su hábitat natural para ser vendidos en mercados asiáticos, lo cual acaba con ecosistemas completos; se ha visto que no se recuperan fácilmente. Por otra parte, las macroalgas se pueden cultivar, y existen los conocimientos para poder hacerlo. Imagínate lo que pasaría si en vez de extractivistas nos volvemos hortaliceros del mar: tendríamos una alimentación rica y saludable del mar, además contribuiría mucho a la captura del CO2 atmosférico, y podríamos desarrollar una industria de medicina y usos derivados de las algas. Nada mal, ¿no?

  • Mujer en ciencias

Para hacer tus estudios has tenido que combinar el análisis de imágenes satelitales y el trabajo en terreno, incluso tuviste que aprender a bucear, has tenido una carrera muy marcada por la interdisciplina ¿Qué es lo más bello y lo más desafiante de aquello?

La interdisciplina es un bello desafío porque requiere salir de la zona de confort para entender a los otros. No es sencillo, pero estoy convencida de que las preguntas de carácter ambiental requieren de apertura al diálogo con colegas con distintas experiencias y conocimientos, estableciendo redes de confianza y trazando rutas en común. Lo mejor de mi experiencia interdisciplinaria durante el doctorado es que he hecho nuevos amigos, los que enriquecen mi vida en lo académico y lo personal.

¿Qué significa el arte en tu vida? ¿Cómo lo has unido a tu investigación?

El arte es un trabajo creativo permanente que se alimenta de la reflexión y el aprendizaje. No lo veo distinto a la ciencia en el sentido de que ambas actividades se dedican a expandir los horizontes del conocimiento y nuestra percepción del mundo. Para mi es tan fundamental como respirar: cuando dejé de hacer música o dibujos en los momentos más álgidos de la elaboración de mi tesis, me sentí enajenada, como si no fuera yo misma, sino que una máquina autómata, perdí la conexión con la humana que soy. Pienso que el arte es algo fundamental que ennoblece el alma y debería ser más practicado por toda la sociedad.

Esquema dibujado a mano por Alejandra y luego digitalizado por la diseñadora Daphne Damm, en el paper “One of the least disturbed marine coastal ecosystems on Earth: Spatial and temporal persistence of Darwin’s sub‐Antarctic giant kelp forests”

Ale, has estudiado y trabajado en Chile, en Inglaterra, ahora te vas a Canadá. ¿Cómo has vivido la brecha de género como científica joven en distintos lugares?

Aunque no he sentido una discriminación específica por ser mujer, sí es claro y evidente que las mujeres y las diversidades sexuales sufren de distintos tipos de presiones en ambientes académicos. Este año y medio de pandemia también nos ha demostrado que muchas mujeres han tenido que hacerse más cargo de las actividades domésticas y de cuidados de manera adicional a sus actividades laborales, lo cual genera una enorme sobrecarga mental para las mujeres de todo el mundo. Como sociedad, todavía tenemos enormes brechas que salvar para poder equilibrar de mejor manera la vida doméstica y el tiempo de trabajo, y en particular para incentivar que existan más científicas niñas, adolescentes y adultas.

¿Qué se viene para el futuro? ¿Qué legado te gustaría dejar como científica?

Me gustaría seguir desarrollando nuevas técnicas de mapeo del mar. Hay una enormidad de cosas que ocurren en el planeta Océano y todavía son invisibles. Me emociona pensar en cómo crear una cartografía submarina que logre mostrar la distribución de los ecosistemas marinos tal como tenemos mapas de nuestra biodiversidad terrestre.