Belén Guarda Araya es bióloga marina titulada de la Universidad de Magallanes con más de cinco años de carrera científica. Actualmente es Coordinadora del Programa de Educación para la Conservación en la ONG Wildlife Conservation Society (WCS-Chile) y se apasiona comunicando el saber científico a la comunidad magallánica.

¿Cuándo comenzó su curiosidad por el mar?

Desde que tengo memoria, he sentido orgullo y fortuna de haber nacido en la XII Región de Chile,  bañada por su reconocido Estrecho de Magallanes. Durante mi adolescencia, viví un par de años en la cuarta región, lo que me hizo valorar aún más mi ciudad y sus paisajes.

Desde muy pequeña me llamó la atención la composición de la playa: arena gruesa, rocas grandes, rocas más pequeñitas, etc. Recuerdo pasear en familia y dar vuelta las rocas y encontrarme con “chanchitos de mar” que podía observar tardes enteras. Miraba el inmenso Estrecho de Magallanes y me preguntaba qué habría más allá.

El mar siempre me ha transmitido múltiples sentimientos: tranquilidad, inquietud, profundo respeto, asombro, inspiración y hasta esperanza, porque sin la formación de los océanos, no habría vida. En base a este sentir y con un pensamiento “muy romántico”, decidí postular a la carrera Biología Marina, pensando en que siempre de alguna u otra forma estaría conectada con estas emociones.

¿Cómo llegaste a trabajar en el ámbito de la educación ambiental, de la difusión de la ciencia?

En el transcurso de mis estudios universitarios, me di cuenta que también me gustaba transmitir el conocimiento a los demás. A raíz de todos los papers que debemos leer y entender, pensaba en que triste es tener un descubrimiento importante para la Humanidad, por el cual trabajaste muchísimo, que puede ser útil para todos, pero que no sea accesible en cuanto al lenguaje, que cueste entenderlo y que, finalmente, pase a ser un documento técnico más.

En ese momento, dos profesores que estimo muchísimo, Américo Montiel y Mauricio Palacios, me recomendaron para realizar mi práctica profesional en WCS-Chile, organización que cuenta con un programa de Educación para la conservación. ¡Qué felicidad sentí al conocer y trabajar en el ámbito de la educación ambiental! Reunía todo en lo que anhelaba desenvolverme profesionalmente: ciencia y educación como herramienta para la conservación de los sitios silvestres.

Luego, en 2014,  me incorporé al equipo de WCS como asistente del Programa de Educación, para un año más tarde convertirme en la coordinadora del programa en Chile. Cuando uno piensa en “Educación” tiendes inmediatamente a pensar en el público escolar, sin embargo la educación ambiental es transversal a nuestra sociedad.

Desarrollarme como profesional en WCS-Chile, con el apoyo y motivación de todo el equipo, me ha permitido trabajar con diferentes sectores sociales, entender que el ser humano es parte de la naturaleza y que la ciencia transmitida en un lenguaje universal u homogéneo nos permite conocer, utilizar  y valorar a los ecosistemas, para así conservarlos en el tiempo y vivir en armonía.

¿Cuál es el mayor desafío que ha tenido siguiendo una carrera relacionada a las ciencias del mar?

Nuestros océanos son inmensos y aún poco explorados. Siempre aparecen nuevas especies, nuevos procesos, nuevas actividades asociadas al mar, por es el mayor desafío es el constante tiempo y aprendizaje que uno debe mantener, conservar esa motivación por conocer y difundir la información sobre los océanos.

¿Su mayor alegría profesional?

Lo primero que se me viene a la mente es un viaje que realicé con un grupo de jóvenes con diferentes necesidades del aprendizaje al Parque Karukinka, para hacer con ellos actividades de educación ambiental.

Cada grupo que acompaño al Parque me da momentos felices, pero este grupo en particular, me hizo muy feliz, porque fui testigo de su emoción por ver cóndores volar, pude sentir su alegría cada vez que veían saltar un guanaco, y finalmente el asombro por la sencillez y hermosura de los paisajes silvestres albergados en el parque Karukinka, Tierra del Fuego.

Me hizo feliz porque le dio más sentido a mi trabajo: conservar nuestros ecosistemas (terrestres y marinos) nos permite estar intrínsecamente conectados con nuestras emociones, con nuestras raíces y con nuestra historia.

¿En qué consiste el Programa de Educación Ambiental de la WCS Chile?

El Programa de Educación para la Conservación (o Educación ambiental) de WCS Chile cuenta con más de 8 años de trayectoria a nivel regional. Por medio de él, hemos abordado diversas temáticas de conservación de ecosistemas silvestres con diversos sectores de la sociedad, siendo el sector estudiantil el principal “público objetivo” del Programa.

Nuestro Parque Karukinka se ha convertido en una verdadera aula natural para más de mil niños provenientes de diferentes lugares de nuestra región y país. Hemos promovido la importancia de conservar los ecosistemas nativos de la región de Magallanes en el sector estudiantil, por medio de la ciencia, el liderazgo, la interpretación y la valoración del medio ambiente.

Así mismo, trabajamos activamente con otros sectores de la sociedad, puesto que la educación ambiental es una herramienta transversal que permite transmitir el conocimiento y promueve cambios de actitud con el entorno natural, con el fin de lograr una coexistencia en armonía. En este contexto, en la región de Magallanes hemos trabajado con el sector ganadero, abordando problemáticas de la actividad con la fauna silvestre como así también, promoviendo las buenas prácticas y sustentabilidad en el turismo de intereses especiales (desarrollado en ecosistemas marinos) y en la actividad del pesquero artesanal.

¿Qué ha significado para usted participar activamente en proyectos de conservación de ecosistemas marinos orientados al sector pesquero artesanal de la región de Magallanes?

Ha significado un gran desafío y una alegría profesional y personalmente. Como bióloga marina he aprendido muchísimo al compartir con pescadores locales. Ellos cuentan con ese conocimiento casi innato del comportamiento del mar.

He tenido la oportunidad de estar embarcada con ellos, compartir en terreno, y eso es un tremendo ejercicio: ponerte en sus zapatos un momento y comprender la complejidad que implica una problemática ambiental con los ecosistemas marinos. En esas instancias entiendes las  “dos caras de la moneda”, por ejemplo la sobreexplotación de recursos marinos, las malas prácticas e incumplimiento de normas, etc. Todas estas situaciones no ocurren como un acto “antojadizo” de quienes ejercen la actividad, sino que por falta de comunicación, de conocimiento, de apoyo, por inaccesibilidad de información, etc. Y es aquí en donde la educación ambiental cumple un rol fundamental, porque es una herramienta para mitigar estas amenazas en los ecosistemas marinos, y con ello propender a su conservación.

Cuéntenos brevemente de qué se trata el programa de conservación de ecosistema más importante en el que ha participado.

Hoy trabajamos como equipo activamente en el desarrollo de un diagnóstico sobre el manejo actual de residuos en la pesca artesanal de Magallanes. Esta investigación me motiva muchísimo puesto que con los resultados se puede aportar de manera significativa al cuidado y conservación de los ecosistemas marinos y también a la misma sustentabilidad de la actividad. Este es un producto solicitado por el Comité de manejo de recursos centolla y centollón de la región Magallanes. Esperamos que esta investigación sirva de insumo clave para sus acciones futuras.

Al comenzar su carrera, ¿tuvo algún modelo femenino científico a seguir?

En cuanto comencé mi práctica, Daniela Droguett y Bárbara Saavedra me cautivaron con su liderazgo y la forma en la que defienden y exponen sus ideas. Ellas siempre están pensando en el bienestar del equipo, en potenciar lo mejor de cada uno y no de “competir”. Daniela y Bárbara me inspiran a cada día a aportar más de mí cada día.

En su opinión, ¿existen brechas de género en las ciencias del mar?

Sí, por supuesto, y no sólo en las ciencias del mar, sino que en el mundo científico en general. Sin embargo, pienso que actualmente somos muchas las que estamos sacando la voz para disminuir esta brecha en todos los ámbitos laborales.

Si estuviera frente a una adolescente interesada en comenzar una carrera en ciencias del mar, ¿qué consejos le daría?  

Le diría que estudie lo que sienta que la hace feliz, tal como me pasó a mí y mi idea “romántica” con el mar. Le contestaría que si realmente le interesa, le gusta y siente que la hará feliz, aportará siempre lo mejor de sí. Las ciencias nos permiten estar en constante aprendizaje, a expresar preguntas y buscar respuestas, a experimentar y, por sobre todo, a comprender la naturaleza, y con ello la vida.

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