Camila Ahrendt es bióloga marina de la Universidad Andrés Bello, una joven científica de 33 años que ha dedicado su carrera a generar conciencia en la población sobre el océano y la contaminación por plásticos. Uno de sus grandes objetivos es comunicar la ciencia a través de diversas plataformas que la hagan accesible a la comunidad. Camila, quien trabajó arduamente impulsando el proyecto de ley que regula los plásticos de un solo uso en Chile, fue escogida como una de las 100 jóvenes líderes 2020 por Revista Sábado del Mercurio.

Actualmente Camila trabaja como Asesora científica en la película AIR(E), que busca mostrar la importancia del medioambiente chileno y de conservar el océano y las ballenas. Además, Camila escribe regularmente para Revista Endémico. En esta nueva entrevista de Mujeres de Mar quisimos conocer más sobre su gran vocación por los océanos y su lucha contra la contaminación plástica que los aqueja.

  • Sus inicios

¿Qué es para ti el océano?

El océano es el complemento a mi energía. Una conexión profunda con la naturaleza, con lo onírico. El agua salada, el dinamismo, el olor a mar me regalan sensaciones tan exquisitas que me han acompañado desde siempre. Una gran lealtad siento con el mar.

¿Cuándo te diste cuenta del gran problema que era el plástico en el océano?

Cuando estaba estudiando en la universidad me relacioné mucho con la contaminación en las playas. También vi mucho plástico en estómagos de peces, en relación con estudios de comportamiento alimenticio. En el fondo hubo diversas instancias en las que mi ampolleta se prendió en términos de nuestra relación con el entorno… ¿Por qué el ser humano estaba contaminando tanto? ¿Qué nos pasó? todo lo que yo acostumbraba a ver limpio, de un año para otro estaba inundado solo de un material… ahí es cuando decidí volcar mi carrera y mi vida al cuidado del mar y al entendimiento del ser humano.

¿Qué es lo que más te enorgullece de tu trabajo?

Tener la posibilidad de visibilizar problemáticas y darle voz a quienes no pueden ser escuchados.

  • Un mar de plásticos

Si el océano sufre, nosotros también. ¿La contaminación plástica nos afecta directamente?

Claro, el plástico y sus aditivos están en contacto directo con el ser humano, a través de la ropa, los artículos de uso cotidiano e incluso los envoltorios de comida. Existe evidencia que apunta al plástico como disruptor endocrino, es decir, que es capaz de alterar el equilibrio hormonal de los organismos, como también en interferir en distintas etapas de desarrollo en los seres vivos. A su vez, puede provocar diversas lesiones histológicas, es decir, daño celular en quienes lo ingieren continuamente. Es más, sus contaminantes asociados pueden migrar a los músculos de los seres que viven en el mar, que es justamente lo que el ser humano prefiere para su alimentación.

¿Sientes que estamos en un punto de no retorno con el plástico o aún hay esperanza de “desplastificarnos”?

Antes de la pandemia existía un movimiento mundial muy progresista y firme con respecto a desplastificarse. De hecho, las personas estaban bastante convencidas, lo cual se veía como una ventaja en el camino hacia la reutilización y la preferencia de materiales distintos al desechable. Sin embargo, el COVID19 ha provocado un retroceso importantísimo en el uso del plástico, es decir, se está usando más plástico desechable que antes, producto del miedo al contagiarse y la prevención al contagio. Las organizaciones más grandes e importantes en la vocería de salud pública están avalando el uso de plásticos desechables justamente con la premisa que el plástico puede ayudar a prevenir contagios. Para hacer cambios en los hábitos, se requiere tiempo y determinación. Dos aspectos que penden de un hilo en la sociedad y sobre todo del sistema que está sosteniendo el estilo de vida actual.

¿Cómo crees que va Chile en materias de cuidado del océano?

Existen varias cosas buenas que se están haciendo, sin embargo, al ser un país con un maritorio tan importante y extenso, cuidamos poco a nuestro mar y sus especies. Mi primera crítica es a la industria de la pesca y también la acuicultura, que avaladas por leyes que solo protegen el crecimiento económico a costa de la salud del mar, van calando negativamente desde hace décadas. Debo mencionar que incluso es más difícil su cambio producto de la falta de voluntad de cambio.

La siguiente industria es la minería, que con sus desechos tóxicos que desembocan en el mar, provocan contaminación y desequilibrio en la trama trófica y en las dinámicas oceánicas. Aunque sí existen proyectos de ley y leyes que se enfocan en prevenir (tal como el proyecto de ley que busca regular plásticos de un solo uso en contacto con la comida), las políticas públicas no han sido grandes aliadas para la conservación de nuestro mar. Por otra parte, se hace necesario que las reservas y parques marinos estén en zonas más cercanas a los bordes costeros y no casi en su totalidad en áreas oceánicas, esto es por la alta cantidad de proyectos que amenazan zonas enteras y que buscan situarse justamente en los bordes costeros del continente, no así es las áreas oceánicas o insulares.

  • Mujer en ciencias

¿Cuál ha sido el desafío más grande de tu trabajo?

El desafío más grande va por decidir todos los días hacer las cosas de manera distinta. Es decir, cómo crear un engranaje de alianzas, proyectos, ideas, logísticas que me permitan lograr hacer investigación científica sin estar necesariamente asociada a una sola casa universitaria o laboratorio o centro de investigación. Por otra parte, en varias ocasiones he dirigido, participado o asesorado proyectos que nunca han sido realizadas antes. Inevitablemente eso es un desafío en todos los niveles.

Has trabajado asesorando varios documentales y ahora estás de asesora científica en la película AIR(E). ¿Es la multidisciplina la clave para defender al océano? ¿Cómo han sido estas experiencias en el mundo audiovisual para una bióloga marina?

La multidisciplina es sin duda la clave. Junto a ella, está la colaboración. Ambas herramientas abren todas las puertas. Lo he comprobado de manera muy satisfactoria. Colaborar permanentemente en piezas audiovisuales ha sido para mí una herramienta y una oportunidad valiosa para llevar mensajes a un público masivo y no necesariamente relacionado a la ciencia. Hace falta usar todas las formas de llevar mensajes a las personas, porque estamos en una urgencia climática y social intensa.

¿Cómo has vivido la brecha de género a lo largo de tu carrera?

He tenido buenas experiencias en general a lo largo de mi carrera. Aunque debo decir que si ha habido algunas ocasiones donde todo lo anterior parece diluirse en una dominancia masculina, ante eso, lo que es importante decirles a las mujeres es que no dejen que situaciones o personas las hagan sentir incómodas y poco validadas. Lo que les diría a los hombres, es que sigan avanzando en ser parte de la solución y no de lo que nos hace retroceder. En términos generales, falta bastante en igualdad de género, en los sueldos y en el trato. Pero veo un enorme movimiento mundial en el que se está trabajando para que el género no sea un impedimento en absolutamente ningún área, pese a que eso incomoda bastante a quienes quieren que todo permanezca igual.

¿Sientes que como mujer has percibido de otra forma el problema que aqueja al océano, tal vez de una forma más espiritual?

Yo tengo desde toda la vida ya una conexión completamente espiritual con el océano, y no creo que eso se deba a mi género, más bien, veo que se da por formas de ser y a lo que le doy valor. Lo que si veo muchísimo es la forma en cómo las mujeres observamos, enfrentamos y resolvemos situaciones. Las mujeres tenemos la capacidad muy hábil de equilibrar las energías y las formas en cómo lograr objetivos.

¿Qué consejos nos darías para vivir más conectados con nuestro medioambiente?

Dejar de mirar sólo nuestro ombligo. Somos SOLO una especie más, no mejor que ninguna otra, sólo diferentes, tal y como todas las demás. No somos mejor que otros mamíferos, o que los peces, algas, árboles, reptiles, aves y así una larga lista. Conectar con quienes somos nos da un campo de visión y entendimiento que son absolutamente necesarios ante la crisis que vivimos. Ser más humildes. Miremos a los demás seres vivos como seres vivos, no como cosas, es decir, dejemos de «cosificar» nuestro entorno, eso es una de las ilusiones que nos ha regalado el sistema.