Licenciada en Ciencias Biológicas de la Universidad de Magallanes, con amplia experiencia en educación ambiental y conservación de ecosistemas marinos, la natalina Daniela Droguett es la actual Directora en Magallanes de Wildlife Conservation Society (WCS), una organización internacional de conservación de la vida silvestre y de sus hábitats naturales.

Droguett ha obtenido varios premios por su gran trayectoria. En 2013 fue reconocida por el diario El Mercurio como una de los “100 Jóvenes Líderes de Chile” y en 2016, el Gobierno Regional de Magallanes le otorgó el premio “Mujer y Medio Ambiente”.

Cuéntenos ¿Cuándo comenzó su curiosidad por el mar?

Desde pequeña estuve conectada al mar. Solía pasear en bicicleta y sentarme en la costanera de Natales a contemplar las olas. Bajaba a las rocas a revisar que había debajo y alucinaba con ver ballenas o delfines. Me gustaba ver los barcos y los botes pesqueros, revisar en las pescaderías los choros o almejas que llegaban para ver qué encontraba entre medio. De alguna forma siempre tuve contacto emocional con el mar.

¿Cuál es el mayor desafío que has tenido siguiendo una carrera relacionada a la conservación?

Es un constante desafío. Siempre estás en busca de soluciones o creas hipótesis para mejorar tu forma de trabajar o de entender ciertos procesos que muchas veces son imposibles. Lo más complejo de hacer conservación es trabajar con el ser humano. Nuestras personalidades, educación, y valores sobre el medio ambiente son tan distintos el uno con el otro que buscar un patrón de cómo diseñar las acciones de conservación hace que se vuelva a ratos imposible. Pero, hay que ser porfiada y debe gustarte lo que haces, porque muchas veces tienes más dolores de cabeza que alegrías.

¿Y la mayor alegría profesional?

¡Varias! Soy una agradecida de las oportunidades y regalos que he tenido. Con mucho cariño recuerdo mis días de estudiante con las ballenas, los materiales educativos de los que he sido parte en su creación; cada uno de ellos han sido alegrías para mí.

Encontrarme hoy día con jóvenes adultos con los cuales trabajé de niños y me dicen ‘Hola tía, ¿se acuerda cuando fuimos al parque?’, es muy emocionante.

Además, los premios que he recibido en temas de liderazgo ambiental a nivel nacional y local son reconocimiento al granito de arena que puedo aportar al medio ambiente de Magallanes. ¡La raya va más para la suma siempre!

Cuéntanos, ¿Cuál es la importancia de la biología de la conservación? ¿Cómo se relaciona con la educación ambiental?

Van totalmente de la mano. La biología de la conservación es una disciplina relativamente nueva comparada con otras áreas y es sumamente compleja y transversal. Para la conservación son sumamente necesarias la educación ambiental, la ciencia y tener un equipo multidisciplinario.

La mayoría de las amenazas a la biodiversidad tienen que ver con acciones o decisiones que el ser humano a veces toma sin mayor conocimiento. Allí la educación ambiental tiene un rol primordial: entregar información sobre la importancia de la biodiversidad, conectarnos con la naturaleza, entender cómo funciona todo alrededor de nosotros y cómo somos parte de este ecosistema. Siempre he pensado que la educación ambiental nos ayuda a ser más humanos, más humildes, algo que muchas veces olvidamos.

La conservación requiere no solo de ciencia, sino también de voluntad política ¿Cómo se unen ambos mundos? ¿Son muy difíciles de congeniar?

Muchas de las decisiones de conservación son a nivel político: desde la creación de un Parque Marino hasta determinar que no usaremos más bolsas plásticas.

Por eso, necesitamos políticos que sepan de medio ambiente, que entiendan de biodiversidad, de conservación, que sepan que todas las decisiones que ellos puedan tomar a nivel económico basado en nuestros recursos naturales, afecta al ecosistema que lo sostiene. Los políticos deben siempre una visión a largo plazo, porque hoy podemos tener abundancia, pero si no es sostenible, el ecosistema y la economía se hunden juntas.

No necesitamos políticos ultra verdes, necesitamos políticos que estén dispuestos a dialogar y tengan la voluntad de hacer las cosas con una perspectiva de largo plazo.

Parte de tu investigación se ha centrado en el estudio de las ballenas jorobadas del Estrecho de Magallanes ¿Qué se sabe de esta especie en la región? ¿Algún dato interesante que nos quisieras compartir sobre estos mamíferos marinos?

Fueron 4 años que me dediqué a estudiar a las ballenas y tuve dos muy buenos profesoras en terreno para aprender todo lo que podía de ellas. Lamentablemente, hoy en día estoy alejadas de ellas, pero aún tengo ganas de volver y aportar a su conocimiento.

El equipo de Whalesound, formado por mis profesores Juan Capella y Jorge Gibbons, llevan más de 20 años obteniendo información de la población de ballenas en esta área. Tienen un catálogo de más de 150 ballenas individualizadas, a las que siguen año a año para conocer su historia natural, si son macho o hembra, cuándo han llegado con crías, e incluso a algunas de ellas le han puesto trasmisores para saber la ruta de migración, dado que aún no se sabe bien por dónde se meten cuando se mueven entre Ecuador y Magallanes.

Asimismo, hay información disponible elaborada por otros investigadores en temas de genética y alimentación, entre otras. Vi conductas súper interesantes entre madre-cría, mucho “amor” dentro de esta relación estrecha donde la madre le muestra a su cachorro donde y como alimentarse. Vi muchas veces conductas de crianza y de “cariño” que había visto en mamíferos más cercanos al ser humano y no me las imaginaba en un animal de 16 metros. ¡Provocan amor!

Al comenzar tu carrera, ¿tuviste algún modelo femenino científico a seguir?

Sí, siempre he tenido a dos mujeres bacanes que me han ayudado en mi formación. Una, la Profe Margarita Garrido: trabajé con ella mucho tiempo en el programa Explora como monitora y aprendí sobre el esfuerzo, la pasión por lo que se hace y que se debe hacer bien, que no hay horarios, comprendí la responsabilidad que tenemos como científicas de compartir lo que sabemos y que tenemos una responsabilidad social también, y aprendí de su bondad y preocupación por los demás.

Y luego me encontré con Bárbara Saavedra, la directora para Chile de WCS, mujer con un gran poder y convicción que revive muertos, pasión desbordante, ecóloga hasta el tuétano y luchadora como nadie.

Son dos mujeres súper fuertes, científicas, generosas, que no las para nada ni nadie, que les tocó y les toca romper esquemas y actitudes machistas que muchas veces son fuertes en la academia. Así que mi respeto y admiración para ellas siempre.

En tu opinión, ¿existen brechas de género en las ciencias del mar?

Sí, aún existen diferencias. Las ciencias del mar tienen un pasado bastante masculino y a las mujeres las destinaban más al laboratorio y a los hombres a terreno. Casi siempre los terrenos o las plataformas en las que se debe hacer ciencia marina aún no están preparadas para las mujeres.

Cada vez hay más mujeres egresando de las carreras de ciencias del mar, saliendo con mucho ingenio y voluntad, abriéndose espacios que antes no había. Eso es, y seguirá siendo, responsabilidad de las que vamos un poquito más adelante; debemos asegurar y tomar nuevos espacios en las distintas aristas de la ciencia.

Si estuvieras frente a una adolescente interesada en comenzar una carrera en ciencias del mar, ¿Qué consejos le darías?

Le diría que no será fácil, que sea flexible, que intente diferentes cosas dentro de la carrera, como conservación, laboratorio, gestión, administración, y ciencia dura o aplicada. Que si le gustan las ballenas, que busque y vea dónde las puede estudiar; que si quiere llegar a la Antártica, que busque cómo lograrlo. Las oportunidades se dan, pero también hay que buscarlas y en esta carrera hay que estar despierta y tomarlas cuando aparecen. ¡Apasiónate y vencerás!