Fadia Tala es directora del Centro de Investigación en Desarrollo Tecnológico de Algas y Otros Recursos Costeros (CIDTA) de la Universidad Católica del Norte, en Coquimbo. Desarrolla su línea de investigación en biología marina, ecofisiología y reproducción de macroalgas. Es también docente de la Universidad y dentro de sus actividades incluye la divulgación de la ciencia fuera del aula. Últimamente, ha enfocado su trabajo en la parte del cultivo y manejo de algas, buscando compuestos activos en ellas que tengan potenciales usos para la industria, agronomía, farmacéutica, etc, considerando la sustentabilidad. En esta nueva entrevista de Mujeres de Mar, les contamos por qué las algas son muy importantes para estudiar y conservar.

  • Sus inicios

 Fadia, para conocerte un poco cuéntanos, ¿Qué representa el mar para ti? 

El 92% de mi vida he estado mirando y disfrutando del mar. Más que el mar, diría que cualquier cuerpo de agua me sorprende y deleita. Su inmensidad, su belleza cromática al unirse en el horizonte al cielo y el entorno. Y a la vez es fuerte y poderoso, lo que nos recuerda lo vulnerables que somos. Es un medio en donde se desarrolla una parte importante de la biodiversidad, y hay un mundo por descubrir. 

¿Por qué estudiar las macroalgas marinas? ¿Qué te llevó a ellas?

Me empecé a acercar a los laboratorios porque quería “hacer algo más” que solo estudiar Biología Marina. Fue mi tiempo de trabajo con animales, entre reproducción del loco y cultivos de camarón. Luego tuve una oferta para trabajar en un proyecto de investigación de cultivo de pelillo en estanques. Ahí descubrí que me gustaban estos organismos y quería entender cómo funcionaban, cómo podían resistir las condiciones de cultivo por ejemplo a comparación del mar, cómo se reproducen, cómo interactúan con otras especies. Y luego al entender su importancia ecológica, económica y social, le dió más sentido a mi trabajo. El haber buceado entre bosques de grandes algas pardas, reforzó mi interés por este grupo de organismos. 

  • Su investigación

Chile es el primer país exportador de algas extraídas en praderas naturales, que son de uso industrial a nivel mundial. Además, las algas siempre han sido una fuente de alimento para los habitantes del país. Entonces, comemos algas, las exportamos, pero según tu experiencia, ¿Cuál es el valor (económico-social-ambiental) de las algas en Chile? 

Hay que considerar que las macroalgas cumplen el mismo rol que las plantas terrestres, pero en el medio marino. Hay una lista larga de funciones y servicios ecosistémicos que entregan al entorno donde se desarrollan y a nosotros como consumidores. Por ejemplo, la fotosíntesis es un proceso que se originó hace más de 2.000 millones de años desde microorganismos, y hace que las algas capturen el CO2 del ambiente y liberen O2, contribuyendo a mitigar el cambio climático. En su rol ecológico, como productos primarios son la base de las cadenas tróficas, es decir, sin ellas el resto de los organismos no se sustentarían; en el espacio tridimensional que utilizan son un aporte al hábitat de otros organismos, para reproducirse, crecer y protegerse. Son importantes recicladores de nutrientes y estabilizadores del sustrato. Esto es así para las grandes macroalgas como para las pequeñas, solo cambia la escala a la cual debemos observar.

Económicamente, Chile es un importante país a nivel mundial en productos del mar y en especial de las macroalgas. Lamentablemente, nuestro aporte al mercado mundial está sustentado en la explotación directa de poblaciones y sólo una especie se cultiva a escala comercial (pelillo). Si bien existen antecedentes para el cultivo de varias especies en Chile, esto no ha avanzado más allá de pruebas pilotos y generalmente con subvención del estado. Acá el trabajo en conjunto con algueros, pescadores artesanales, acuicultores, universidades y estado es crucial. La explotación y aprovechamiento de cualquier recurso debe ser mirada de una manera más bien multisistémica.

Existe una demanda mundial por algas y sus derivados que se proyecta con un crecimiento por sobre el 10% anual. Son parte de nuestros productos del día a día, en ingredientes o aditivos de un sinfín de productos de diversas industrias y aplicaciones para el bienestar y salud humana, animal y vegetal. Así que, a medida que crece la población mundial, la demanda por las macroalgas actualmente explotadas incrementará, si no hay sustitutos o si no se diversifica en los recursos algales a utilizar podemos llegar a niveles elevados de sobreexplotación y pérdida de funciones ecosistémicas.

 

¿Cómo nació la idea de usar las macroalgas como comida para gallinas?

Durante la ejecución del proyecto que dio creación al CIDTA y en un proyecto posterior, realizamos una exploración del uso de macroalgas en la alimentación animal, seleccionando a las gallinas ponedoras como modelo. Es sabido que la inclusión de algas en la alimentación animal genera beneficios a la salud animal, mejorando la absorción de nutrientes, estimulando el sistema inmunológico por sus funciones prebióticas, y puede modular nutricionalmente el producto (ej. huevos, carne). 

Las algas tienen múltiples moléculas bioactivas que actúan en estos procesos. En el mercado, actualmente es posible encontrar alimento animal con inclusión de algas para mascotas, peces, caballos de fina sangre, gallinas, cerdos, vacunos y otros. En algunos animales, esto genera una reducción en la producción de metano, siendo considerado además, como una estrategia de mitigación del cambio climático. Así que los beneficios serían múltiples. Hay que considerar que usar recursos agrícolas para la alimentación animal, compite con la demanda de alimento para una creciente población humana.

Considerando el estrés hídrico severo en la cuarta región producto del cambio climático y del desuso del agua, ¿Cómo te imaginas el futuro en la zona de Coquimbo? ¿Dirías que hay que tornarse hacia el mar y el cultivo de algas para sobrevivir?

Este es un problema enorme y global, que no se puede abordar desde una sola mirada. Es multisectorial y todos las áreas deben contribuir. Será un desafío buscar especies más resistentes a estas nuevas condiciones climáticas y altamente cambiantes. Mirar el mar debería ser una alternativa, ese es el espacio que tendremos disponible para producir biomasa, no solo algas, sino también animales. Siempre teniendo en consideración que cualquier alteración e intervención en el mar debe ser con sustentabilidad y resguardo ambiental. 

  • Mujer en ciencia

Fadia, ¿Sientes que ser mujer genera un desafío extra a la hora de liderar un centro de investigación y un equipo de trabajo?

Debería ser un desafío para cualquier persona que lidere, más allá del género. En el caso particular y siento que en general para las mujeres, es un desafío adicional porque debemos conciliar nuestros múltiples roles. Es más difícil aún en casos de hogares monoparentales, llevados por la mujer y con hijos pequeños. 

Al liderar un equipo de trabajo, la empatía, confianza y respeto es crucial para conseguir los objetivos planteados. El apoyo de la institución y sus directivos también es importante, y eso lo he tenido siempre. En mi carrera profesional he avanzado desde ser la “ayudante” del ayudante, a ayudante de proyecto, administrativa, docente, investigadora, colaboradora y directora. Me ayuda conocer la actividad y responsabilidad de los diferentes niveles jerárquicos que conforman una institución y las personas. 

¿Has percibido la brecha de género en ciencias durante tu carrera?

No realmente, pero soy empática con quienes sí la han sufrido. No debería ocurrir, todas y todos tenemos derecho para desarrollar una carrera y vida en tranquilidad, de manera justa y con equidad. Hoy nos estamos preocupando de las brechas de género porque existen injusticias, y debemos trabajar para eliminarlas. 

¿Qué les podría decir a los y las jóvenes para que se interesen en la temática de las algas marinas en Chile?

Que son bienvenidas y bienvenidos a este mundo maravilloso, que observen, que se hagan preguntas, que sean autodisciplinadas(os) e inquietas(os) mentalmente, que construyan para ellas y ellos y para toda la sociedad. Tenemos un mundo por descubrir.