Hélène es bióloga marina francesa y Magister en Oceanografía y Ambientes Marinos de la Universidad de Pierre y Marie Curie, con una especialización en flora y fauna marina. Llegó a Chile en 2015 para realizar su tesis de magister con la Dra. Marie-Laure Guillemin (UACh), en diversidad de algas antárticas. En 2018, comenzó a trabajar en turismo como guía de expedición en la Patagonia (Punta Arenas). Esta experiencia le encantó porque tenía la oportunidad de estar en la naturaleza y de compartir su pasión por el mar con los turistas. En un futuro ideal, le gustaría compatibilizar estas dos actividades (ciencia y turismo), para dar una nueva dirección al turismo de intereses especiales, y retroalimentar al turismo con contenido de difusión científica. En esta nueva entrega de Mujeres de Mar conocimos más sobre Helene, las algas antárticas y como se une la ciencia con el turismo.

  • Sus inicios y experiencia actual

Hélène, ¿cuándo comenzó tu amor por el mar y cómo éste te trajo a Chile?

Crecí en el suroeste de Francia, a 40 min del océano Atlántico. Cuando era niña, solíamos pasar los veranos en la costa del país Vasco con mi familia. Veíamos también una emisión de televisión llamada «Thalassa» con mi abuelo, que hablaba sobre gente de mar en todo el mundo. A los doce años recuerdo haber escrito en mi cuaderno secreto: quiero ser bióloga marina y vivir en Canadá para ver y estudiar las ballenas.

Después del liceo, ingresé a la carrera de técnico del mar, donde éramos 17 alumnos estudiando en un instituto que quedaba a 100 m del mar del canal de la Mancha, al norte de Francia. Allí aprendí a navegar a vela, bucear, identificar la fauna y flora, y a entender las corrientes marinas. Me enamoré de las algas y del fitoplancton poniendo la mirada bajo el microscopio. ¡Existe un mundo entero en una gota de agua!.

Llegué a Chile en 2015 para finalizar mi ciclo universitario, teniendo la posibilidad de trabajar en un marco internacional entre Francia y Chile sobre diversidad genética de algas antárticas, un campo de investigación innovador y poco desarrollado. Antes de llegar, no sabía nada de Chile, para mí, América del Sur se resumía en Argentina y Brasil, a samba y cordero. Descubrí la calidez de la acogida chilena y me enamoré de la Patagonia. Viví por primera vez en sintonía con la naturaleza.

La genética de algas antárticas suena como algo lejano, ¿cuál es la importancia de estudiar algo así para la comunidad?

En lo cotidiano, a nadie le influye lo que pasa con las algas antárticas. Es decir, ustedes no van a dejar de tomar su desayuno o usar su auto para ir al trabajo si se descubre una nueva especie de alga antártica. No tiene un impacto inmediato en sus vidas, pero sí tiene uno indirecto en la consciencia colectiva a través de la historia que cuenta. Por ejemplo, si nadie hubiera ido a estudiar lo que pasaba con las bacterias de las termas de Yellowstone, no se habría descubierto la polimerasa TaQ, enzima que permite hoy en día realizar estudios de ADN mediante la reacción en cadena de la polimerasa (PCR: polymerase chain reaction), ¡y realizar los test del COVID-19!

Esta historia humana resalta el rol de la comunidad científica como generadora de conocimiento donde no existe; en mi caso de estudio, en un lugar muy poco accesible que es la Antártica, a un nivel ecológico invisible (el de los genes) de unos de los organismos más antiguos del planeta (las algas). Este proceso de búsqueda de lo desconocido es clave para generar nuevas preguntas de investigación. El estudio de los genes en particular, permite viajar al pasado y al futuro al mismo tiempo, pudiendo entender la historia evolutiva de las especies (pasado) y predecir sus capacidades de adaptación (futuro) en un contexto de cambio climático, por ejemplo. La aplicación indirecta del quehacer científico para la comunidad tiene que ver con generar interés para que los jóvenes se aventuren a desarrollar una carrera científica en Chile, contribuyendo al conocimiento y conservación del patrimonio natural de su propio país.

De todos los resultados que has obtenido en tus investigaciones, ¿cuál es el que más te enorgullece?

Estoy todavía al inicio de mi vida profesional, sin embargo, me siento orgullosa de haber podido aprovechar las oportunidades que han surgido para conocer cada vez más el sur de Chile desde un punto de vista científico, llegando a Antártica para realizar mi primer muestreo. Para mí, un logro en mi carrera sería descubrir una nueva especie de alga en la Antártica u otros lugares donde se tengan pocos registros.

¿Por qué las algas? Porque al igual que los helechos, musgos y líquenes en tierra, son organismos primitivos que han evolucionado y sobrevivido a las grandes crisis del planeta. Su simpleza (anatómica) y resiliencia me fascinan y siento que tenemos muchas cosas de aprender de estos organismos muy simples a primera vista. Además, las encuentro muy bellas estéticamente.

¿Cómo ha sido tu experiencia como guía de turismo en la Patagonia?

Mi experiencia como guía de expedición es la más enriquecedora de mi vida profesional. Primero que todo, porque tengo la oportunidad de viajar embarcada y ver a la fauna y flora marina todos los días. Segundo, porque puedo transmitir conocimiento de manera creativa y empática en un contexto más informal y más cálido que el contexto escolar o académico. Tercero, porque obtengo resultados inmediatos, ¿qué mejor que ver tu trabajo recompensado por la sonrisa en el rostro de personas que han gastado a veces mucho dinero para descubrir lugares remotos y prístinos? Finalmente, siento que puedo aprender otras herramientas, como la gestión y manejo de grupos, habilidades de comunicación y liderazgo, que no me ha tocado desarrollar aún trabajando en el contexto académico. Creo firmemente que desarrollar una doble carrera profesional entre ciencia y turismo es una ventaja para mi futuro.

  • Francesa en Chile

Según tu experiencia, ¿cuáles son las principales diferencias del quehacer científico entre ambos países?

Según mi experiencia, no veo grandes diferencias entre los laboratorios que he visitado entre Francia y Chile, quizás porque siempre me relacioné con académicos franceses en Chile y tengo un sesgo. Sin embargo, siento que las carreras científicas en Chile no están tan bien valoradas como en Francia y, por ende, hay menos estudiantes que terminan su carrera, lo que ralentiza el proceso de generación de conocimiento en el país. Además, varias universidades no cuentan con los equipos mínimos para realizar ciencia de calidad. Falta una inversión grande para desarrollar un parque tecnológico-científico y apoyar investigaciones novedosas. Finalmente, me parece que las diferencias en el quehacer científico entre Chile y Francia están ligadas a la realidad socio-económica; tengo la percepción que hacer ciencia en Chile es más lento y dificultoso que en Francia.

¿Cómo has vivido la brecha de género en ciencias?

Sinceramente, no recuerdo haberme sentido limitada en mi crecimiento como joven investigadora por ser mujer trabajando en ciencias. Sin embargo, mi primera experiencia profesional como asistente científica fuera del ámbito académico, en una empresa en Chile, estuvo marcada por esta brecha de género, donde mi opinión estaba silenciada o desvalorada. Tenía muchas dificultades para desarrollar mis propias actividades de investigación, por ocupar un puesto de «asistente» donde no se consideraba mi potencial intelectual. Me generó mucha frustración. De igual manera, me ha tocado vivir esta brecha de género en el ámbito del turismo en Chile, donde el modelo de sociedad machista influye en el desempeño de las funciones laborales. Con mucha determinación y paciencia se puede superar esta brecha.

¿Qué es para ti lo más difícil de ser científica?

En mi opinión, lo más difícil de ser científica es evolucionar profesionalmente en un ambiente competitivo. El deber cumplir con fechas límite breves y requerimientos de trabajo exigentes, lo que implica una alta dosis de estrés cotidiano, junto con el ejercicio de enseñar. El «querer hacer bien las cosas» como científica implica jornadas extensas de trabajo que no son bien valoradas económica ni profesionalmente. Mi perspectiva del quehacer científico está cada día más cuestionada en ese sentido. Creo que a todo el mundo se le ha olvidado que los científicos somos seres humanos sensibles y creativos, y siento que no se nos da la oportunidad de expresar estas cualidades en el ámbito académico de manera que puedan ser valoradas.

¿Qué sueños has cumplido?

He cumplido varios de mis sueños de niña estando en Chile desde hace 5 años: primero, que todo estoy viviendo en un país extranjero; segundo, me he convertido en bióloga marina y he podido ver orcas el día de mi cumpleaños y, tercero, conocí el continente Antártico por primera vez navegando a vela.

Si pudieras viajar en el tiempo y darle un consejo a la Hélène adolescente con ganas de ser científica, ¿qué le dirías?

Si miro para atrás, veo con alegría a esa niña que sonríe y me dice “¡Lo lograste!”. Le diría que debe confiar en ella y en lo que quiere, nuca dudar de eso a pesar de lo que dicen los demás. Llegué al otro lado del mundo para estudiar algas, no es Canadá y esas ballenas están un poco lejos, ¡pero cumplí mi sueño! ¡Ahora me toca soñar de nuevo!

 

Si quieres conocer más del trabajo de Hélène, visita el siguiente link:

https://www.linkedin.com/in/h%C3%A9l%C3%A8ne-dubrasquet-8a697696/