Nota del editor: Esta entrevista fue realizada antes de la pandemia de COVID-19. Ni María Eliana ni Fundación Mar y Ciencia están haciendo un llamado a salir de nuestras casas en estos momentos.

La profesora María Eliana Ramírez Casali (1948) es botánica, especialista en taxonomía y biogeografía de macroalgas de la costa del Pacífico Sudamericano. Durante ocho años estuvo a cargo de la dirección del Museo Nacional de Historia Natural, y ha aportado con la creación de muchos catálogos y publicaciones científicas sobre biodiversidad y taxonomía de macroalgas. Además, es una de las impulsoras de la Sociedad Chilena de Ficología. Por ello, en esta entrega de “Mujeres de Mar” quisimos conocer más sobre María Eliana, sus inicios, su experiencia como mujer en las ciencias, y como ve el rol de la ciencia dentro del estallido social chileno.

  • Sus inicios

Profe María Eliana, cuéntenos, ¿siempre se sintió conectada con el mar?

No me sentí conectada con el mar cuando pequeña, yo nací en el campo, en Talca. Lo que sí, siempre me gustó la naturaleza y mi papá lo fomentaba, me fascinaba excursionar. A los 11 nos trasladamos a Santiago y mi papá nos llevaba al cerro los fines de semana.

Me comencé a sentir conectada con el mar cuando llegué a Antofagasta a estudiar biología, el año 1965. Tomé un bus que se demoró dos días en llegar allá, tenía 18 años. Lo primero que vi cuando llegué a Antofagasta fue el mar, ¡qué maravilla más grande es el mar!

Estudié hasta tercer año de biología en Antofagasta, toda la parte básica. Me gustaba la botánica. No me gustaron los animales, me gustaron las plantas, y me iba super bien. Pero en Antofagasta no había muchas plantas terrestres, entonces el Sr. Tomicic, director del Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la Universidad de Antofagasta, me dijo: “pero si te gusta la botánica, ¿por qué no miras en el mar?, mira vamos a salir a colectar muestras en una goleta, ¿quieres ir?”  Y me invito a ir a colectar algas en lo que fue mi primera salida a terreno.

Luego de esos tres años en Antofagasta, volví a Santiago porque ya estaba convencida de que quería estudiar biología marina, pero lamentablemente no tuve apoyo y di hartas vueltas. Así que en enero del año 1971 recibí mi título de profesora de biología y ciencias naturales , pero siempre me tiraba el bichito de las algas.

Entonces, ¿cómo logró concretar su anhelada carrera en el mundo de las algas?

En 1972, se abrió un cupo de ayudante de botánica en la universidad de Antofagasta, así que volví al norte y trabajé en la universidad hasta 1980. En enero de 1976 se dio el primer curso de macroalgas de Bernabé Santelices, quien venía llegando de su doctorado en Hawái con su profesora Isabella de Abbott, taxónoma de alga rojas. Tomicic, quien en ese entonces ya era mi jefe y no mi profesor, me dijo: “María Eliana, hay un curso de un mes sobre macroalgas en la Universidad Católica de Chile con estos señores, ¿Quieres ir?”. ¡Claro! le dije, perfecto. Durante el curso, mi marido cuidaba a nuestra hija bebé, tuve mucho apoyo, lo cual fue muy importante para hacer una carrera.

Ese curso me dio pauta para publicar mi primer trabajo en algas: “Nuevos registros para algas en Antofagasta”. Eso fue el año 76. Al año siguiente, Bernabé me invitó a capacitarme en su laboratorio, y estuve 6 meses en la Universidad Católica.

¿Cuál ha sido el mayor desafío de su carrera?

El mayor desafío que enfrenté en mi carrera fue irme cuatro meses a Europa, dejando a mi marido con mis dos hijas chicas en Chile. Mi marido me incentivó, me dijo: “¡te vas y te vas!”. Pero el problema no fue irme, sino lo que implicaba para mi carrera y como me percibía el resto… La oportunidad surgió a raíz de que fui a la Antártica en enero del 85, y había un alemán que investigaba esporas con el fin de cultivar algas en Alemania, su enfoque era más fisiológico, mientras que lo mío era la taxonomía. Entonces lo ayudé a identificar unas algas y me ofreció ir a Alemania a trabajar en su laboratorio. Ahí empezaron los problemas, porque empecé a meterme más en las ciencias, avancé más que otros, y vieron que ya me perfilaba como una verdadera investigadora, vieron en mí una amenaza, ¡fue atroz!

Ya que no tenía plata para el pasaje hacia Alemania, recurrí a CONICYT (Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica) con una carta a ver si me podían financiar. Ahí comencé a descubrir a “mis enemigos”. Colegas y profesores rechazaron mi solicitud, dando unos argumentos horribles, como: “este señor es fisiólogo y no taxónomo, no aportará en nada la beca”. Finalmente, el director del Museo de Historia Natural en ese tiempo, Hans Meyer, me ayudó a financiar mi pasantía.

  • Su trabajo

¿Cuál ha sido su mayor alegría profesional?

Un logro importante que me dio mucha alegría fue cuando presenté mi trabajo de algas del norte en la Sociedad de Biología, para postular como socia. Tenía evaluadores en la presentación, era como una tesis, ¡súper importante!, y me fue regio. Quedé como socia de la Sociedad de Biología toda la vida, era un tremendo desafío y si lo lograbas era una alegría enorme, me salió bien porque era joven y entusiasta.

¿Por qué es tan importante conocer las algas de Chile?

Es súper importante. Son un recurso económico y son claves en el ecosistema. Si no conoces las algas, no conoces todo lo que te ofrecen, no conoces el rol que cumplen. ¡Las algas cumplen muchos roles y servicios!: aportan oxígeno, hábitat, nutrientes, etc.  Además, son un recurso que se encuentra en todo el país, por lo tanto, también es necesario conocer y describir todos los aspectos básicos de su biología y saber reconocer las diferentes especies. Porque, si hay alguna enfermedad o problema con cierta especie, ¿cómo podrás abordarlo si no sabes ni de que especie se trata? La taxonomía es clave.

  • La ciencia y el estallido social

¿Cómo podría aportar la ciencia a la crisis social actual?

Yo creo que el contexto de las ciencias actualmente es terrible. Nosotros deberíamos revelarnos porque la ciencia es parte de la cultura de un país, y es algo que se está postergado. Nosotros los científicos deberíamos salir a la calle a luchar igual que todos. A levantar pancartas porque la ciencia siempre ha sido postergada.

En el conflicto social, ¿los científicos son parte del problema o la solución?

Yo creo que la ciencia puede aportar muchísimo. Pero hay que bajarse del pedestal. La ciencia es algo necesario, es algo que aporta mucho al desarrollo del país, ¿cómo no va a ser importante, por ejemplo, estudiar la biodiversidad? Si estamos en un tema crucial que es la conservación de los ecosistemas. Pero para que la ciencia aporte aún más, debe ser comunicada a toda la ciudadanía, y para eso, hay que derribar a estos “dioses”, a los próceres que acaparan proyectos de manera competitiva, no colaborativa. Forman una elite contra otros que están tratando de surgir, y tienen personas explotadas en sus laboratorios, se aprovechan de quienes se están iniciando en las ciencias. Tantos jóvenes que trabajan duro para ellos, para que ellos ganen plata, para que ellos alimenten su ego, para que ellos se luzcan. Pero resulta que los jóvenes no tienen ni imposiciones, nadie se preocupa de eso, sino que les dan una migaja de sueldo para que sigan trabajando. Estos “dioses de la ciencia” ni se preocupan de decirle a sus estudiantes “Oye, mira, anda sacar un doctorado para que vuelvas y puedas trabajar”. Y además el otro problema de que no hay puestos de trabajo, no hay tiraje en la chimenea, o sea ¿dónde trabaja la gente que va a sacar doctorados?  ¿Dónde?

Parte del problema surge cuando la gente se aleja de su grupo de trabajo y comienza a tomar los logros como un éxito personal, y no colectivo. Porque lamentablemente, pareciera ser más importante alimentar el ego que entender y reconocer que los logros propios también son gracias a otros.

  • La mujer en las ciencias

¿Cree que existen brechas de género en las ciencias del Mar? ¿Cuándo comenzó su carrera el escenario era el mismo?

En mi época fui súper criticada, por mujeres y por hombres. Las mujeres eran tan machistas como los hombres. Me criticaban porque iba a terreno, porque iba a la Antártica, e iba a campañas que duraban semanas. Por ejemplo, me dijeron: “¿cómo te vas a ir a Alemania y dejar a tus hijas solas?”, “Pero si tienen papá”, yo les respondía.

No, horrible, horrible. Todo era criticado. Cuando trabajaba en el Museo de Historia Natural, mis colegas me decían: “¿Y vas a salir de nuevo? “¿Y vas a ir a la Antártica? ¿Y vas a dejar a tus hijas solas?”, yo siempre respondía “Claro, si tengo que aprovechar, y ¿por qué voy a dejar a mis hijas solas si tienen papá?”. Eso es machismo.

Yo creo que ahora las mujeres están más empoderadas, la generación de ahora es distinta porque han pasado muchos años, lo que les cuento fue hace como 40 años. Ahora el hombre también ha tenido que asumir otros roles y, por lo tanto, ya el machismo de antes no es el mismo de ahora.

Si tuviera en frente a una adolescente interesada en comenzar una carrera en ciencias del mar, ¿qué consejo le daría?

Que estudie biología marina. No estudie licenciatura en biología, no se vaya por el camino paralelo. Si le gusta el mar, estudie biología marina. Yo creo que es una carrera muy completa, te abre un horizonte en el cual puedes elegir muchas cosas. Eso sí, hay que tener claro que ahora la biología marina no termina ahí, mínimo hay que sacar un magíster. Ninguna carrera ya se queda solo con el título de pregrado.

Y lo otro que le aconsejaría, que sea cual sea la carrera que escoja, es muy importante estudiar inglés. Que adquieran un nivel de inglés que les permitan enfrentar su carrera profesional.

¿Sabías que existe un género de algas bautizado en honor a la profesora María Eliana?: Mariaramirezia

Mariaramirezia osornoensis (Calderon et al. 2016. Phycologia 55(5): 610)

Más información sobre este género en: https://www.algaebase.org/browse/taxonomy/?id=153810

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