María José Díaz Aguirre es Bióloga Marina y Buzo profesional. Actualmente vive en Alemania, donde es estudiante de Doctorado en el prestigioso Alfred-Wegener Institute, instituto especializado en el desarrollo de investigación en zonas polares. En esta nueva entrevista de “Mujeres de Mar”, María José nos cuenta como su amor por el mar la llevó a bucear en lugares poco explorados, como la Antártica y el Ártico, por qué quiso escoger una carrera académica, y cuáles son las principales diferencias entre Chile y Alemania en el desarrollo de su actividad profesional.

  • Sus inicios

María José, cuéntanos, ¿cuándo te interesaste por la vida en el mar y decidiste escoger una carrera en ciencias marinas?

 Mi curiosidad por el mar nace desde las vacaciones con mis abuelos, cuando bebé, niña y después adolescente, mis abuelos me llevaban a la playa, siendo una familia santiaguina era un destino casi obligatorio. La curiosidad por el mar nace desde el interés por descubrir un lugar que no es mi medio natural y de las ganas de observar todo lo que hay bajo el agua.

Con los años, mi curiosidad por el mar se fue complementando con mi interés por la ciencia, y junto a mis ganas de refugiarme en la naturaleza encontré la carrera perfecta para mí. Yo diría que mi decisión por la biología marina fue tomada a los 16 años, sin embargo, empecé a estudiar a los 20 porque mi familia temía dejarme ir fuera de Santiago, en este caso en la Universidad Austral de Valdivia, por un caso de muerte que había pasado años atrás.                                               

¿Qué sueño has cumplido en tu trayecto profesional como bióloga marina?

Yo diría que los sueños fueron cumpliéndose a medida que pasaba mi vida como bióloga. Partí mi carrera queriendo ver una ballena, me parece que eso es algo típico, pero con el pasar del tiempo me fui dando cuenta que las cosas que quería hacer o ver llegaron dependiendo del camino que elegía. Mis ansias por bucear comenzaron cuando entré al curso de buceo, antes de eso para mí era imposible costear un curso de buceo. Lo mismo pasó con la Antártica, quise ir allí cuando tuve la mínima chance de ir, desde allí comencé a luchar y demostrar por qué debía ir. Con el Ártico fue distinto, el Ártico lo perseguí desde que conocí Antártica y busqué mi doctorado en un tema allí, y bueno, estoy muy contenta de haber estado allí un par de veces.

De todos los resultados que has sacado de tus investigaciones, ¿cuál es el que más te enorgullece?

Para poner en contexto: mi línea investigativa se basa en la estructuración y dinámica de las comunidades marinas en sistemas arenosos. Aunque gran parte de mi investigación está hecha en el Ártico, la etapa más ambiciosa fue desarrollada en ambos polos. Mi proyecto evalúa la relación de dos factores: 1.- el impacto de la perturbación mediante algas desprendidas, como un factor directo provocado por el cambio climático; 2.- la depredación como factor indirecto, ya que la presión de los depredadores podría ser potenciada por la presencia de las algas, otorgándoles refugio y/o sitio de alimentación. Estos resultados son bastante interesantes, no solo por el esfuerzo logístico que significa instalar el mismo experimento en ambos polos a 12 metros de profundidad y luego recuperarlo, sino también por el valor ecológico que representa obtener la respuesta de ambas comunidades polares, ártica y antártica, frente a la combinación de factores desencadenados por el cambio climático. Estos resultados son valiosos ya que podrían anticipar posibles cambios estructurales en las comunidades arenosas en ambos polos.

  • Chilena en Alemania

Según tu experiencia, ¿cuáles son las principales diferencias del quehacer científico entre ambos países?

Debido a que Alemania tiene mayor desarrollo tecnológico, sobre todo en el área de la ciencia, fue muy fácil tener acceso a material para crear el experimento. En Chile, tenemos material más limitado, por esta razón en ocasiones debemos crear nosotros mismos una pieza que conecte con otra pieza, en cambio en Alemania eso ya está. En Chile, todo lo resolvemos con amarra cables y cinta adhesiva. Esto lleva a que en momentos donde las cosas no salen bien (muchas veces) podemos improvisar y salir del paso. Esto bajo una mentalidad alemana es más complejo, por lo que los alemanes planean un proyecto y la expedición con mucha más anticipación, dejando lo menos posible al azar.

Basada en tu experiencia, ¿qué es lo más difícil de ser científica?

Para mí lo más difícil de ser científica en Chile es tener que demostrar todo el tiempo que estás a la altura. Yo nunca sentí eso aquí en Alemania. Nunca fue tema que fuera mujer y buceara en aguas frías, o que trabajara en los polos, pero en Chile la gente se impresiona. Aunque lo puedo entender, porque es bucear en Antártica, pero estoy 100% segura que más se impresionan porque soy mujer. Aquí en Alemania, lo que impresiona es que voy al Ártico por lo remoto del lugar no porque una mujer va al Ártico.

¿Cómo has vivido la brecha de género en ciencias?

Yo no he sentido nada la brecha de género durante mis 4 años aquí en Alemania, nunca he sentido nada. Sin embargo, en Chile siempre la he sentido, no desde mis colegas, sino que desde la gente que no se relaciona con mujeres buzos. Para ellos, esta actividad parece una locura, parece algo insólito, muy peligroso, arriesgado, ponen en duda nuestra fuerza, he sentido que nace desde la protección erróneamente encaminado hacia el género femenino. Si me parece que las mujeres debemos demostrar demasiado en esta área, y en realidad en toda la ciencia. Debemos demostrar que podemos organizar, liderar, investigar y que nuestro trabajo es igual de valioso que el de los hombres.

¿Dónde te imaginas en el futuro?

Que pregunta más difícil, sobre todo porque yo personalmente me he replanteado toda mi vida con los acontecimientos del 18 de octubre (estallido social chileno) y luego con el tema de la pandemia. Solo imagino, deseo, y quiero, un futuro donde yo sea un aporte y transmita su pasión, pasión que con los años se va modificando. No me imagino en un trabajo o en un país en específico. Me imagino siendo más un aporte que un estorbo.