María Valladares Antón siguió su amor por el mar y estudió para convertirse en técnico en oceanografía. Con más de seis años de carrera científica, Valladares hoy es encargada de equipamiento y de proyectos de sustentabilidad ambiental en el Centro de Innovación Acuícola AquaPacífico y también es parte del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA).

Esta Mujer de Mar se ocupa de la instalación y mantención de diferentes equipos oceanográficos, y luego también procesa los datos obtenidos por ellos, como la caracterización de la columna de agua y procesos oceanográficos (surgencia costera, procesos de mezcla, acústica de cetáceos). Además, también realiza actividades de divulgación y transferencia científica mediante charlas o módulos en el Liceo de Tongoy.

Cuéntenos, ¿Cuándo comenzó su curiosidad por el mar?

Desde pequeña me ha llamado la atención la naturaleza, las montañas y el mar. Conforme avancé con mis estudios, me incliné hacia las costas y el océano, ya que suponía un desafío explorar estos ambientes tan extensos y llenos de incógnitas.

En un principio, durante mis años de universidad, me integré al departamento de geomorfología costera, estudiando la evolución de la costa, de las playas, dunas y acantilados. También cursé un Magíster de Gestión Integrada de Áreas Litorales, que aunaba el estudio del medio ambiente con la sociedad y las actividades económicas que confluyen en el litoral, y cuya integración es imprescindible para obtener una gestión efectiva.

En paralelo al Magíster, tuve la oportunidad de trabajar en buques oceanográficos y me encantó la experiencia de navegar en océano abierto, obteniendo diferentes tipos de muestras y datos utilizando gran diversidad de instrumentación. Esto me ha llevado a mi empleo actual, en el que además de muestrear y obtener datos oceanográficos, realizo actividades de divulgación y transferencia científica, trabajando en conjunto con diferentes sectores socioeconómicos.

¿Cuál es el mayor desafío que ha tenido siguiendo una carrera relacionada a las ciencias del mar?

Trabajar en el mar es bastante duro, debido a las condiciones de frío, oleaje, esfuerzo físico, y el número de horas de trabajo continuado, etc. Por eso, para conseguir finalizar con éxito cada uno de los proyectos en los que nos embarcamos, el trabajo en equipo es fundamental.

Y este ha sido uno de mis mayores desafíos y un gran aprendizaje, trabajar en equipos multidisciplinares con personas provenientes de diferentes áreas: buzos, pescadores artesanales, trabajadores de la industria acuícola, profesores de Liceos, personal de La Armada, etc. De cada uno de ellos he conocido su visión sobre el mar y juntos hemos desarrollado y aunado esfuerzos para conseguir objetivos comunes vistos desde diferentes perspectivas.

Otro desafío ha sido desarrollar una comunicación efectiva sobre ciencia y oceanografía, con personas no vinculadas a la ciencia, pero sí al medio marino, como los antes descritos.

Creo que la divulgación y transferencia científica es de suma importancia y es una de las ramas en las que más me he estado involucrando en los últimos años, tanto mediante programas formales, como el instaurado en el Liceo de Tongoy, en el que impartimos un módulo de oceanografía dentro de la rama Técnico Acuícola, como fuera de mi trabajo.

Por ello, actualmente formo parte de ONG Surgencia, en la que, junto a un grupo también multidisciplinar, ponemos en valor el patrimonio marítimo costero de nuestra Región, mediante charlas de divulgación científica dirigidas a la comunidad en general.

¿Su mayor alegría profesional?

Mi trabajo me reporta en general muchas alegrías, y destaco que me ha permitido viajar y conocer lugares y personas únicas de las que me llevo inolvidables vivencias e historias. Lugares como Rapa Nui, Robinson Crusoe o islas Desventuradas se encuentran dentro de mis mejores recuerdos, tanto por la belleza de sus paisajes, como por su historia, su cultura y lo aprendido de sus gentes. Conocer cada una de las caletas de la IV Región, lugares recónditos, escondidos y a orillas de un mar no siempre benigno. Descubrir su rutina diaria, que muchas veces comienza antes del amanecer o ser espectador de su fuerza de voluntad para reconstruir lo que el mar en ocasiones les destruye. Llegar a una caleta donde para sacar los botes necesitan de todos sus habitantes, incluyendo abuelitas que se suman a empujar, y siguen recogiendo algas pese a sus largos años. O encontrarse dos años después con un pescador que trabajaba aislado en la isla San Ambrosio en la langosta, en un escenario totalmente diferente. O simplemente ver salir el Sol detrás de los Andes al amanecer, mientras te diriges navegando a tu punto de trabajo. Estas experiencias son inolvidables y son las que convierten a este trabajo en una alegría constante.

Pero si me preguntas por algo concreto, una de mis mayores alegrías fue el primer trabajo que desarrollé cuando llegué a Chile.  Fue la instalación de la balsa oceanográfica meteorológica en la Bahía de Tongoy dentro de un proyecto de CEAZA en colaboración con la industria acuícola de ostiones, y que se ha mantenido funcionando hasta ahora, entregando datos de la columna de agua y meteorológicos a tiempo real, lo que además de ser beneficioso para la ciencia, es muy útil dentro de la toma de decisiones de la industria acuícola, además de ser utilizado por pescadores y pequeños acuicultores para organizar sus actividades diarias.

Este modelo de entrega de datos oceanográficos de forma gratuita y al público en general, debería extenderse a toda la costa chilena, con el fin de poder mejorar la toma de decisiones ante eventos naturales (varamientos, mareas rojas…) en base a información científica.

¿Por qué es tan importante contar con un Planeador Submarino Autónomo (glider) para investigaciones científicas?

Los gliders permiten realizar mediciones continuas en la columna de agua hasta 1000 m de profundidad de forma autónoma y, una vez en superficie, envían los datos vía satelital, permitiendo adaptar continuamente el plan de medición.

Estos equipos son el futuro de las mediciones en el océano, ya que permiten muestrear las condiciones de la columna de agua ante eventos tan extremos como el paso de un huracán, lo que no podría ser realizado desde una embarcación. También se están utilizando bajo hielo, es decir, en condiciones o localizaciones no aptas para barcos o instrumentos oceanográficos tradicionales.

En otros países, los gliders ya están incorporados como equipos de monitoreo habituales, e incluso han cruzado el océano Atlántico, obteniéndose información fundamental para el conocimiento de nuestros océanos. En Chile, actualmente hay dos gliders en universidades, uno de la Universidad de Concepción y el otro pertenece a nuestro Laboratorio de Oceanografía de la Universidad Católica del Norte. Debido a la complejidad y costo del trabajo con estos equipos, ambos grupos trabajamos en conjunto. Recientemente, el SHOA de La Armada ha adquirido un glider.

Con nuestro glider, llamado Inti, hemos realizado mediciones en el marco de dos proyectos. El primero de ellos se realizó en Huasco y permitió caracterizar la columna de agua ante condiciones de viento favorable a la surgencia y en fase de relajación.

En octubre de 2018, Inti fue desplegado en la zona norte de la isla Robinson Crusoe, con el fin de estudiar el comportamiento del océano ante eventos atmosféricos de vórtices de Von Karman, en un proyecto conjunto entre el Núcleo Milenio ESMOI y la Universidad de Concepción.

El océano, en esta parte del planeta, se encuentra submuestreado, lo que supone una desventaja ante el escenario de cambio climático al que nos enfrentamos. Por tanto, es de suma importancia utilizar nuevas tecnologías que nos permitan caracterizar y conocer el comportamiento de nuestro océano de una manera más eficiente, con mayor resolución y menor sesgo.

¿Qué significó para usted que su fotografía titulada «El vuelo de los ostiones» haya sido seleccionada para una muestra itinerante?

Me puse muy contenta al saber que una fotografía realizada dentro de los trabajos con la industria acuícola de la Bahía de Tongoy salió seleccionada.

Debido a la programación de las salidas a terreno, no siempre queda tiempo para tomar fotografías de los paisajes o artísticas. Esta fotografía la realicé en una balsa que la industria acuícola tiene instalada en el centro de la Bahía, donde los trabajadores procesan y seleccionan los ostiones por su tamaño.

Ese día, tras haber terminado mi trabajo, tenía que esperar un par de horas a que viniese un bote que me llevaría a tierra. Mientras esperaba, me entretuve haciendo fotografías de las faenas en la balsa y metiendo la cámara en unas piscinas donde mantienen ostiones juveniles, que comenzaron a nadar huyendo del objetivo. Fue una suerte conseguir plasmar ese instante con esos colores y los ostiones nadando. A día de hoy, sigo sacando fotografías en mis salidas, pero no he tenido otro acierto como el que tuve con aquella foto.

«Vuelo de los ostiones»

Al comenzar su carrera, ¿tuvo algún modelo femenino científico a seguir?

He ido observando y aprendiendo de cada una de las mujeres (y también hombres) que he conocido a lo largo de mis estudios, mi trabajo y mi vida, dentro de mi familia, de la universidad y en las caletas. Todas me han enseñado algo, que intento aplicar en mi día a día.

Siempre me ha gustado conocer las biografías de mujeres que, pese a las barreras impuestas por la sociedad, consiguieron destacar en su época. Un ejemplo en el mundo de la oceanografía que me llama la atención es Ángeles Alvariño, una oceanógrafa española de principios del siglo XX que rompió con muchos moldes, llegando a ser la primera mujer científica a bordo de un barco de investigación británico.

Una figura chilena que me asombra mucho es Gabriela Mistral, que consiguió llegar a la cumbre de la literatura naciendo en un pequeño pueblo de un valle y en una época reservada para hombres. Su fortaleza es un modelo a seguir.

En su opinión, ¿existen brechas de género en las ciencias del mar?

Creo que la brecha existe en todos los ámbitos de la sociedad y, por tanto, también en el ámbito laboral, siendo las ciencias del mar parte de ello.

Todavía los cargos de investigación de grandes proyectos científicos siguen estando ocupados por hombres en su mayoría, aunque creo que poco a poco se está superando esta diferencia y en un futuro, la tendencia es que se llegará a la equidad.

Además, existen actitudes del día a día, que contribuyen a aumentar esta brecha de género, y que provienen de todos los ámbitos dentro del trabajo. Soy optimista, y siento que actualmente estamos despertando ante estas actitudes, y la sociedad está tomando conciencia sobre el tema, por lo que en los próximos años la brecha de género debería disminuir considerablemente.

Si estuviera frente a una adolescente interesada en comenzar una carrera en ciencias del mar, ¿qué consejos le daría? 

Le diría que el océano va a ser determinante en los próximos años por su papel dentro del cambio climático, por lo que estudiarlo es una gran prioridad, aparte de ser muy apasionante.

En una época en la que el hombre está bastante desconectado del medio ambiente en el que habita, trabajar y estudiar la naturaleza te reconecta con ella, haciéndote parte de un todo. Trabajar con la naturaleza es muy gratificante.

Por otro lado, la ciencia permite hacerte preguntas y desarrollar muchas inquietudes, aparte de que te posibilita viajar y conocer a gran diversidad de personas.

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