Susannah Buchan es inglesa, se doctoró en Oceanografía en la Universidad de Concepción, donde además dirige un proyecto de investigación de señales acústicas de ballenas azules en el centro COPAS Sur-Austral, también es investigadora asociada de CEAZA y de Woods Hole Oceanographic Institution (EEUU); ha realizado colaboraciones con diversas instituciones públicas y privadas. Susannah llegó a Chile en 2007, a sus 24 años, ¿el objetivo? Escuchar el canto de las ballenas azules (Balaenoptera musculus). Venía por 4 meses, pero hoy, luego de 13 años, sigue aquí. Susannah es la autora de un gran descubrimiento: el canto chileno de la ballena azul, un dialecto propio distinto a las demás poblaciones en el mundo.

En esta nueva entrevista de “Mujeres de Mar”, Susannah nos cuenta desde Tenerife, sobre su fascinante historia, motivaciones, dificultades y su gran pasión por la ballena azul.

  • Sus inicios 

Su, ¿siempre te sentiste conectada con las ballenas?

Si, tuve la suerte desde chica de poder salir a observar las ballenas desde la costa de Canadá, con los típicos tours de avistamientos, con mis padres y mis abuelos. Desde chica veía estos animales y me fascinaban, me obsesionaban, cada vez que podía salía a ver estos animales grandes, libres, y bellos. Me preguntaba de dónde venían, nunca sabía si los iba a ver, eran siempre un misterio. Además, me encantaba salir y estar arriba del barco, no me mareaba.

¿Qué es lo que más te gusta de ellas?

Oh que difícil pregunta. Yo creo que hay algo de la dimensión, del tamaño. Eso de ser el animal más grande de la historia del planeta. Y por ende tan poco manipulable, es decir, es un animal que nunca vas a poder tener en un laboratorio o acuario para estudiarlo, y que se vuelve libre justamente de toda manipulación humana, me encanta eso. También creo que son símbolos de resiliencia. Casi las exterminamos, y están volviendo, aunque les cuesta, están recuperándose lentamente.

De todos los lugares del mundo donde habitan ballenas, ¿por qué Chile? ¿Por qué decides quedarte?

La verdad, Chile se puso en mi camino, ¡y qué suerte! Realmente me cambió la vida. Conocí a Max Bello durante mi magister, quien es un conservacionista chileno, y me invitó con Rodrigo Hucke a participar en el proyecto Centro Ballena Azul. En ese momento era la crisis financiera y no había muchas opciones de trabajo en Europa. Tuve suerte y me ofrecieron participar en el proyecto e ir a Chile durante una temporada. Me conseguí hidrófonos prestados en la universidad, y partí. ¡Jamás pensé que me iba a quedar años! Pero, llegué a Chile en enero, y nos fuimos directamente a Melinka en las Guaitecas. Una vez que estaba allá, con la gente, con el grupo de trabajo, con las ballenas, con los paisajes, dije «no puedo volver».

Luego conseguí trabajo en California, pero era un trabajo de oficina, recuerdo un momento después de llegar a California, estar agobiada por la oficina, por Estados Unidos, por todo, y subirme al techo de la oficina. Necesitaba tomar aire un rato, y allí es cuando pensé «Tengo que volver a Patagonia». Es uno de estos momentos cuando tienes que tomar las riendas y decir «¿Qué es lo que quiero para mi vida?» Habían pasado 6 meses y sabía que no iba a funcionar.  Decidí volver a Patagonia.

Por suerte, Rodrigo Hucke, quien siempre me apoyó, me aceptó otra temporada para hacer investigación en el Centro Ballena Azul. Mis primeros años fueron muy informales y bastante angustiantes, porque no tenía mucha plata y no sabía bien a dónde iba. A los tres años de eso, postulé al doctorado en la universidad de Concepción, y desde allí todo se formalizó y se hizo más fácil.

  • Su investigación

Cuéntanos brevemente, ¿cómo es el proceso para poder escucharlas bajo el agua?

Hay distintas modalidades, pero siempre es con un hidrófono (un micrófono submarino). De la manera más básica, el hidrófono se deja por la borda y en la mano va una grabadora o computador grabando. También existen hidrófonos que tienen todo lo necesario contenido en el mismo equipo y se pueden dejar anclados al fondo marino, previamente programados. Eso nos permite grabar en un punto fijo durante meses o años, creando series de tiempo de las vocalizaciones.

Lo más novedoso que hemos hecho es poner estos hidrófonos sobre gliders (planeadores submarinos con sensores), los cuales hacen una prospección espacial, subiendo y bajando en la columna de agua, transmitiendo en tiempo real.

Luego hay que analizar todos los archivos de audio, lo que es un enorme desafío, sobre todo cuando son muchos meses o muchos años. Siempre un primer paso es realizar espectrogramas para visualizar los datos. Luego, los archivos se corren en distintos programas para hacer lo que llamamos “detección automática”, con algoritmos que vamos mejorando poco a poco, para determinar las distintas frecuencias de las vocalizaciones de diversas ballenas.

¿Qué sentiste la primera vez que escuchaste una ballena?

Fue mucha emoción, porque nos costó harto. Habíamos pasado mucho tiempo intentando grabarla. Fue el 19 de febrero de 2008, seguimos una ballena por mucho rato, nos acercábamos, paramos el motor, desplegamos el hidrófono, varias veces. En alguna de esas paradas, yo estaba monitoreando por la pantalla, y recuerdo que comencé a ver una tremenda mancha en el rango de las bajas frecuencias, como pulsos cada 60 segundos, con un patrón. No estaba tan segura si era una vocalización de ballena, mi corazón estaba a mil.

Al volver a casa en la noche, escuchamos los sonidos, revisé trabajos anteriores, ¡y si era una ballena! Mandamos los audios a personas más expertas. Fue mi primera sensación de logro como científica joven. Allí comenzó todo, estaba en marcha para responder mi pregunta científica, la cual era si el dialecto de las ballenas azules en Chile era como el de las ballenas azules antárticas, o como las ballenas de California, o si tenían su dialecto propio.

Cuéntanos un poco de este dialecto chileno de la ballena azul, no creo que hablen a puros “cachai”, ¿cómo lo identificas y diferencias de otras poblaciones?

Al analizar un espectrograma se puede notar que el canto tiene ciertos sonidos que son, en el caso del dialecto chileno, como 5 o 6 sonidos en un patrón específico, mientras que el canto antártico tiene 2 sonidos diferentes y en un patrón diferente. Ambos son de frecuencias bajas, pero el espectrograma del canto de las ballenas azules de Chile, comparado con todos los otros cantos de Australia, Antártica y California, son claramente diferentes.

Por otro lado, en ciencia siempre se construye el conocimiento sobre la información que ya está disponible, así que ya teníamos algunas sospechas de que el canto de las ballenas azules en Chile era especial.

En el 71 pasó un barco extranjero, cuyos investigadores grabaron dos secuencias cortas de cantos de dos ballenas azules. Claramente esos cantos eran muy diferentes al canto de las ballenas azules antárticas. Luego nunca más se volvió a grabar en Patagonia, ni en la costa del Pacífico Sur, una brecha muy grande de información. Pero una colaboradora de Estados Unidos también había reportado unos cantos interesantes cerca de Galápagos. Cuando grabamos nosotros, nos dimos cuenta de que el canto era similar al reportado por ella, así supusimos que la población de ballenas azules chilena estaría relacionada a la población del pacífico tropical.

En el curso de los 10 últimos años, a través de la telemetría y la genética, se ha evidenciado que efectivamente son ballenas azules que se mueven entre Patagonia y Galápagos. Lo que refuerza la importancia de la multidisciplina y de hacer ciencia en equipo. Estos no son trabajos que podamos hacer solos.

Brevemente, ¿cuáles son las mayores amenazas que enfrentan estos cetáceos?

Yo creo que el problema número uno de las ballenas azules, fin, las ballenas grandes en general, es que las poblaciones fueron casi exterminadas por la caza comercial que terminó a principios de los 80. Ahora ya no se caza, hay pocos lugares en el mundo en que se sigue cazando ballenas, pero lo que sí tenemos son problemas de colisión con embarcaciones y enmallamiento por artes de pesca a la deriva.

Después hay estresores más crónicos o subletales: el ruido, de todas maneras. Con la contaminación acústica los animales no se pueden escuchar, aumentan los niveles de estrés en ballenas y eso ha sido demostrado. Cambian los comportamientos y la distribución de los animales. En los casos más severos también produce daño auditivo y muerte en el caso de los sonar.

La sobrepesca realmente es un problema, una catástrofe, y curiosamente sigue siendo uno de los problemas que menos hablamos. La gran mayoría del stock de peces en el mundo está en colapso. Entonces, una muy buena manera de salvar a las ballenas sería partir por salvar a la anchoveta, y la sardina, y todos esos pequeños pelágicos, el krill en la Antártica.

¿Cuál ha sido la dificultad más grande que has tenido que superar durante tu carrera?

Llegar a Chile fue difícil, venía de afuera, mujer de 23 y no hombre de 23, pero yo creo que el tema mayor era que no conocía bien el sistema y no tenía contactos. Probablemente, en todos lados, la academia es un círculo cerrado y hay que ganarse su lugar. Lo que sí debo reconocer, y que me parece malo, es que me ayudó ser angloparlante y europea.

Claro, lamentablemente en Chile nos gusta el extranjero rubio, no el extranjero moreno… 

Sí, y es mi deber decirlo también, que es un privilegio que ha sido a mi beneficio y lo he notado. Ojalá que eso cambie porque es una tontera.

¿Sientes que la brecha de género está muy latente en las ciencias oceanográficas?

Yo creo que las ciencias marinas y oceanográficas en Chile sí han sido dominadas por hombres, y sí he escuchado muchas veces, sobre todo al principio, estos micromachismos que descualifican: decirme «niñita», “mijita”, las interrupciones cuando uno habla, ese tipo de cosas. Además, que las ballenas no se perciben como una ciencia “tan dura”, se percibe como algo un poco esotérico, entonces sí me costó yo creo los primeros 5 años demostrar que yo era capaz, de que era una ciencia dura, que era un sujeto válido de estudiar, que se podía hacer ciencia de calidad con esta temática.

Una de las primeras cosas que me dijeron llegando a Chile es que las mujeres traen mala suerte en el barco, ese tipo de tonteras. Yo creo que sí, los micromachismos han estado. Pero lo que sí debo decir es que por suerte tuve algunos profesores (hombres) que creían mucho en mí y en la temática del trabajo.

¿Qué se viene para el futuro? ¿Cuál es ese legado que te gustaría dejar como científica?

Nunca me lo habían preguntado, es una súper buena pregunta. Me gustaría mucho poder ayudar a resolver el misterio de las ballenas de la costa chilena. ¿Por qué están? ¿Cuáles son los procesos oceanográficos que las mueven? Realmente me gustaría empezar a resolver esos misterios y así seguir fomentando estrategias de conservación y áreas protegidas. Me gustaría fomentar el uso de la tecnología, mejorar las tecnologías de análisis, tecnologías de acústica en tiempo real, ese tipo de cosas. Y apoyar a la futura generación de científicas, por supuesto, y también de científicos en Chile. Porque es un país con tanto potencial y mucha gente brillante, entonces me siento afortunada de ser parte de esta comunidad científica y poder fomentar a que se siga desarrollando.