Investigación reveló que el aumento de la acidificación está afectando las estructuras óseas de los oídos de variadas especies marinas.

La acidificación de los océanos es el resultado de la absorción de CO2 de los océanos, se estima que este lleva a absorber el 30% del dióxido de carbono que la humanidad ha emitido desde la era industrial. Este proceso provoca que el pH del océano disminuya, por lo que se torna más ácido dejando múltiples secuelas a los animales marinos.

En este contexto, una investigación realizada por la Universidad de Auckland, NIWA y la Universidad James Cook en Australia, evidenció una de las consecuencias de este fenómeno, la pérdida de audición en diversas especies marinas.

Para llegar a esa conclusión, los investigadores realizaron un experimento con larvas de pargo, el cual consistía en criar larvas en dos estanques diferentes; uno con agua de mar normal y el otro con niveles de pH más ácido.

Luego de 42 días los pargos jóvenes fueron analizados, midiendo su capacidad auditiva con altavoces subacuáticos y con un escáner 3D para examinar las estructuras internas del oído, como los otolitos, estructura de calcio que se encuentran dentro del oído de los peces y se utilizan para la audición y el equilibrio.

Los resultados revelaron que las criaturas que fueron expuestas al estanque con niveles elevados de CO2 tenían el umbral de audición significativamente más bajo que el otro grupo. Esto debido a que los otolitos se encontraban asimétricos y disminuidos en su tamaño.

«Este estudio ha descubierto que los otolitos asimétricos, donde los otolitos emparejados tienen diferentes formas, significa que los peces son menos sensibles al sonido y, por lo tanto, es posible que no puedan localizar con precisión el sonido de su arrecife ‘hogar'» señaló Craig Radford, profesor asociado de la universidad de Auckland.