La presión ciudadana en Argentina ha llegado a buen puerto, convirtiendo a la localidad patagónica en el primer ejemplo en el mundo que prohíbe el cultivo artificial de salmones. La aprobación por parte de la legislatura se dio de manera unánime.

La provincia de Tierra del Fuego ha sido pionera en la aprobación del proyecto que prohíbe la cría de salmones en cualquier territorio de la provincia y especialmente en las prístinas aguas del canal Beagle. La categórica medida es considerada un ejemplo mundial para frenar este tipo de industrias en territorios de alto valor biológico y cultural.

La normativa fue presentada por el diputado del partido Movimiento Popular Fueguino, Pablo Villegas, en el 2019, luego de que en el 2018 el gobierno argentino permitiera a la Corona Noruega el desarrollo de la industria acuícola en territorio de la provincia del Fuego, en específico en las aguas del canal Beagle.

La industria salmonera genera impactos irreversibles en los ecosistemas marinos donde se instala. Bajo esta lógica, es de gran importancia proteger el territorio donde reside el 50% de los bosques de macroalgas de Argentina, además las aguas de esta zona actúan como un gran sumidero de carbono y son un punto de esperanza, con una biodiversidad única.

Respecto a la presunta instalación, en el año 2019 organizaciones locales, ONGS, pueblos originarios y la ciudadanía en general se manifestaron en contra del acuerdo, proceso que terminaría frenando el proyecto.

“La salmonicultura hubiese representado una amenaza para la economía de la provincia ya que, en Ushuaia, la mitad de las familias dependen del turismo una actividad que no podría convivir con el impacto ambiental de la industria. En pocas palabras, esta ley es un ejemplo del cuidado de un modelo económico y productivo sostenible, que respeta tradiciones culturales y prácticas artesanales que generan puestos de trabajo genuinos”, manifestó David López Katz, residente de Tierra del Fuego y miembro del equipo de Sin Azul No Hay Verde de la Fundación Rewilding Argentina.

Una esperanza para Chile

Para el representante de la comunidad Yagán, David Alday, este proceso significa un “hito tremendo que han logrado del otro lado del Canal. Nosotros conseguimos sacar las salmoneras y ustedes lograron que no haya salmonicultura, esto tiene un gran impacto para nosotros, es una señal y un respaldo a nuestra comunidad y territorio indígena y al archipiélago”, y resaltó: “Queremos que en Chile esto se sepa, que del último lugar del planeta se ejecutó un hito contra una industria tan destructiva como la salmonicultura”.

Del mismo modo, Juan Carlos López, activista, comentó que “estábamos esperando esa buena noticia, que festejo con gran alegría. Deseo de todo corazón que Chile también se restructure en este ámbito y que pronto los ecosistemas estén más protegidos”.

Lo ocurrido en Argentina no refleja nuestra realidad nacional, debido a que la normativa vigente ha permitido la expansión de la industria salmonera en aguas de alto valor biológico en regiones como Magallanes. Así lo afirma Gabriela Burdiles, directora de Proyectos de la ONG FIMA. “Lo que existe actualmente en Chile es la exclusión de actividades productivas en algunas áreas protegidas, como parques marinos o parques nacionales, que son figuras de conservación que no permiten la salmonicultura. Pero no tenemos una legislación como la aprobada hoy en Argentina y podría ser un ejemplo de legislación a explorar como ocurrió con la ley de glaciares”.

La presencia de la industria acuícola incluso se ha desarrollado en la reserva nacional Kawésqar, donde el pasado Abril -producto de las consecuencias de la acuicultura- se registró una afloración de algas nocivas que causó una mortandad de más de 4500 toneladas de salmones.

Por ello, el precedente argentino es un indicio que con la voluntad política es posible avanzar hacia un correcto entendimiento de los territorios, y una oportunidad para el estado chileno de detener a los más de 500 centros salmoneros que operan en áreas protegidas.